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"Cuando empecé, los diarios los hacían con las planchas de plomo"

El lunes se celebra el Día del Canillita en todo el país. Miguel Ambort, histórico referente de este oficio en Rafaela, contó cómo fue cambiando su trabajo con el paso de los años.
Política05 de noviembre de 2022Redacción WebRedacción Web
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"Pero, ¡la pucha que hace frío!... ¡Brrr!... ¡Brrr!... ¡Zas! ¡Arturito! ¿Todavía no estás enfermo?... ¿Qué sos pavo?... ¡Te hubieras ganado 50 centavos hoy!... ¡Se vendían como agua los diarios!"
Así dice uno de los primeros diálogos de la obra de teatro "Canillita" de 1904, escrita por el dramaturgo Florencio Sánchez. Muy novedosa y llamativa para la época, fue una creación que le dio protagonismo a una figura de la sociedad a la que no se le tenía mucha consideración: el repartidor de diarios. Es por eso que cada 7 de noviembre se conmemora en Argentina el Día del Canillita, justamente tomando como referencia la fecha del fallecimiento del escritor.
El oficio estaba en un principio reservado a chicos de clase social baja que veían en él una oportunidad de juntar algunas monedas para llevar a su casa. Como era costumbre para la época, los más pequeños usaban pantalones cortos (aún en invierno) exhibiendo sus flacas canillas. De ahí que popularmente se los conociera como canillitas.
Con el paso del tiempo y de la masiva llegada de los diarios a la gente, la importancia del repartidor fue creciendo en todas las ciudades de nuestro país. Así dejó de tratarse de una "changa" que hacían los niños y se convirtió en un oficio con todas las letras. Rafaela fue testigo de esta evolución y a pesar de los cambios que ha traído el advenimiento de internet, aún en pleno 2022 los canillitas siguen recorriendo las calles para llevar las noticias hasta la puerta de nuestras casas.
Uno de ellos es Miguel Ambort, quien desde los 15 años de edad se encarga de que los diarios lleguen a sus clientes, aún con lluvia, frío o viento. A poco de celebrar nuevamente su fecha, recibió a Diario CASTELLANOS en su casa para conversar sobre de lo vivido en sus 42 años de experiencia.
"Yo empecé en el año 1980 por un tío que ya trabajaba en esto y arranqué aproximadamente con 60 o 70 diarios, en bicicleta. Primero agarré la zona de Villa Rosas y barrio San Martín. Eran unas 150 cuadras de reparto que me llevaban dos o tres horas en bici. Después compramos otro reparto más y ya eran 300 cuadras… 30 kilómetros en bicicleta por día, con lluvia, frío y algún perro que te agarraba un dedo en algún descuido cuando dejabas el diario".
Sus anécdotas de esas épocas ilustran de manera colorida cómo eran los diarios, que por entonces salían a la tarde: "Cuando empecé, los diarios los hacían con las planchas de plomo, se escribía todo letra por letra y después imprimían. Nosotros íbamos a la una de la tarde a buscarlo pero no sabíamos cuando salía porque por ahí se rompían las máquinas y no salían más. ¡A veces los terminábamos repartiendo al día siguiente! Así que jugábamos a la pelota sobre la calle Lavalle esperando con los otros canillitas. Es que éramos muy chicos todos y no sabíamos qué hacer, porque a veces estábamos cuatro o cinco horas esperando".
Hoy en día, ya de adulto, Miguel sigue una rutina que por supuesto arranca muy temprano. Se levanta alrededor de las 4:30 hs para desayunar. Después agarra sus cosas y sale a encarar el día de reparto.
El gusto y el amor por su oficio se evidencian en su forma de expresarse, pero también deja entrever una lógica preocupación por el cambio de época y la tendencia de los más jóvenes a dejar de leer el diario en formato físico.
Sin embargo encuentra justamente en ello la importancia de los canillitas. Miguel explica que a la gente grande le gusta el papel, entre otras cosas porque lo utilizan como objeto para relacionarse con otras personas. "Lo usan para comentar lo que leen, porque ellos no lo miran por el celular. Incluso comentan con nosotros las noticias".
Es que la visita del canillita no siempre es fugaz. En muchos casos la llegada de repartidor es un momento esperado por varios rafaelinos. Ese momento se convierte en un instante de debate sobre la actualidad. Miguel lo sabe y entiende que de alguna manera también es su función, aunque a veces le atrase su reparto: "Tenés que escuchar a la gente porque es parte del trabajo del canillita. Son tantos años que hay gente que te dice 'lo compro porque sos vos'. A veces tirás el diario y rajás porque estás apurado, pero muchas veces te parás y te quedás a tomar un café. Hay gente que te manda mensajes por celular para avisarte que te esperan con el mate".  
Con tantos años en el oficio, los recuerdos se van acumulando. Aún pasa frente a casas que le traen añoranzas de gente que ya no está: "Te vas acordando de amigos, de gente grande. Vos siempre ibas y te sentabas, te invitaban a tomar algo, demorabas… pero sabías que era un rato nomás".
No podíamos dejar de preguntarle por las noticias deportivas en un país tan futbolero. Enseguida trajo a la memoria algunas revistas clásicas que solían pedirle mucho: "Vendíamos El Gráfico, la Goles. Lo que pasa es que la gente escuchaba todo por radio porque no tenía como ver los partidos por la tele. Apenas teníamos pocos canales de aire". Algo que ayudó también en este aspecto fue cuando los diarios dejaron de imprimirse únicamente en blanco y negro: "Para la gente, cuando salió en colores fue toda una novedad, allá en principios de los 90".
Aunque los tiempos cambien, aún existen canillitas como Miguel Ambort que desde temprano atraviesan la ciudad repartiendo las novedades del mundo puerta a puerta. Las teorías más antiguas de la comunicación hablan de un emisor, un canal, un mensaje y un receptor. En la redacción del Diario CASTELLANOS lo sabemos bien y entendemos qué mensaje queremos hacerle llegar a nuestros lectores… pero la intervención de un canillita todavía sigue funcionando como ese eslabón que vuelve todo más real. A cada línea que escribimos nosotros, ellos la transforman en un vínculo humano irrepetible. ¡Feliz día y gracias por seguir ahí!

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