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"El vino de la fiesta de San Martín", la gran obra de Pieter Bruegel

Se lo conoció como "El Viejo" y el pintor de los campesinos. A través de sus cuadros se volvió un narrador extraordinario del Renacimiento.

Cultura 16 de noviembre de 2021 Redacción web Redacción web
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El Museo del Prado posee una de las obras más extraordinarias pertenecientes al último período del pintor flamenco Pieter Bruegel, "el Viejo" (1525-1569). Se trata de "El vino de la fiesta de San Martin", una obra del siglo XVI que sin lugar a duda nos demuestra el carácter revolucionario de su autor, quien rompió con la división tradicional de género artístico.
Por un lado, esta pintura nos muestra un paisaje de las afueras de Bruselas, donde se puede distinguir la Puerta de Hal, que todavía existe y que antiguamente abría en la muralla que rodeaba a la ciudad, y por otro es una escena de costumbres, donde cada personaje posee atributos propios.
Los detalles son tan minuciosos y precisos que es necesario tomarse tiempo para acercarse e ir descubriendo los mismos. 
¡Sumérjanse  y vean! La inmersión vale la pena ya que es un viaje al pasado, al trágico y grotesco testimonio del Otoño del Medioevo Flamenco, uno de los siglos más crueles, al que perteneció Bruegel, aproximadamente entre los años 1510 y 1570. 
En esa época surgieron acontecimientos históricos que de alguna manera hasta hoy perduran: la escisión de la antigua cristiandad medieval, en dos partes; el fracaso de la Reforma, convertida en protestantismo, y lo que perduró reducido del catolicismo; las exploraciones marítimas de las grandes potencias, transformadas en mera repartición del mundo; y "el gran nuevo afluente", el avance acelerado de la economía capitalista.
En 1566 -la obra data de esa época-, entre los meses de agosto y octubre se produjo en los Países Bajos de los Habsburgo, un asalto a las imágenes cristianas, en el cual protestantes calvinistas provocaron una iconoclasia, es decir destruyeron imágenes, iglesias y monasterios cristianos. 
Para sofocar tanto a los revoltosos civiles como a los religiosos, el rey de España Felipe II envió al Duque de Alba al mando de un poderoso ejército que llegó a Bruselas el 22 de agosto de 1567.
El Gran Duque de Alba es conocido como "la leyenda negra", por el temor que infundía su investidura. El 5 de septiembre de ese mismo año estableció el Tribunal de los Tumultos, conocido como el "Tribunal de La Sangre" por la excesiva crueldad impartida en ese entonces a los herejes. 
Su divisa en latín era Deo patrum nostrorum, que en español significa Al Dios de nuestros padres.
Pieter Bruegel fue un artista de una gran inteligencia que utilizó la ironía para revelar la verdad. Describió los horrores y miserias de la humanidad en un paisaje más vasto que el de ahora, en una naturaleza entendida entre los valores del Medioevo y del Renacimiento, entre la tradición italiana del triunfo de la muerte y la danza macabra nórdica. 
De su vida se sabe poco. Probablemente no nació en una aldea sino en Breda hacia el 1525. En 1551 consta inscripto en la Guilda de San Lucas de Amberes, lo que demuestra que ya era maestro de arte.
Heredero como muchos de su generación del estilo pictórico enigmático de Hieronymus Bosch, conocido como El Bosco. 
Pero Bruegel se centró fundamentalmente en los rostros de los campesinos, en sus pequeños gestos de simples protagonistas, como un homenaje sincero a los más expoliados, y marginados de la sociedad. 
Fue aprendiz en el famoso taller del pintor Pieter Coecke van Aelst (1502-15550), que había viajado por Italia y Turquía donde aprendió sobre arquitectura. Este maestro fue de gran influencia para el pintor como también lo fue la esposa de van Aelst, Myken Verhulst Bessemers, de Malinas miniaturista y pintora.
Bruegel aprendió su oficio en Amberes, una de las ciudades más cosmopolitas de ese entonces. Trabajó también en el taller de un editor de grabados, Hieronymus Cock, otro de los artistas que formaba parte del mismo fue Giorgio Ghisi (1520-1582) quien se ocupaba de preparar las planchas de los grabados de Rafael, Miguel Angel, Giulio Romano y otros pintores de la época. 
El trato con este tipo de artistas lo convirtieron en un conocedor humanista de lo italianizante, que desmiente la naturaleza rústica que algunos le adjudican. 
En el 1552 viajó a Italia, cuna del arte. Visitó Roma, Calabria y posiblemente Sicilia; también por Van Mander sabemos que estuvo en Francia. Existe un dibujo a pluma de una vista de Reggio Calabria de 1553. De su viaje se puede decir que cuando estaba en Los Alpes se había embutido de tantas rocas y montes que de regreso a su casa ya podía reproducirlos de memoria en sus tablas y telas.
Cuando volvió a Amberes trabajó con Cock, en láminas que reproducían el mundo y el estilo del Bosco. A ese mismo estilo pertenecen las pinturas como "Proverbios Flamencos" de 1559, poblado de criaturas grotescas y a la vez cómicas, "El combate entre el Carnaval y la Cuaresma" de 1559, "Los juegos Infantiles" de 1560, y cuadros apocalípticos como "El triunfo de Muerte" 1562-63, entre otros. 
El grabado "El pez grande se come al chico" es uno de sus primeros tratamientos sobre proverbios. El significado del gesto se transmite en la inscripción flamenca a continuación, y se traduce: "Mira hijo, hace tiempo que sé que los peces grandes se comen a los pequeños".
Aunque en su estilo pictórico no encontramos reminiscencias de la arquitectura italiana, con excepción del coliseo transfigurado en su "Torre de Babel" de 1563, tampoco existe algo que remita a Miguel Ángel o Rafael.
El año 1563 fue crucial para él: se casó con Mayken, hija de su maestro Van Aelst, se mudó a Bruselas y cambió su estilo volviéndolo más moderado, al acentuar la veta más humanística de su cultura.
Es probable que Bruegel frecuentara lugares sospechosos de herejía y rebelión por el tratamiento que empezó a aparecer en sus cuadros, complicado e indirecto al tratar las escenas sagradas, la ironía fue siempre el as debajo de su manga. 
En 1560 Amberes se había vuelto una ciudad peligrosa debido a la persecución de los españoles hacia los nobles rebeldes y los campesinos hambrientos acusados de herejía.  
Muchos humanistas influenciados por el pensamiento de Erasmo de Rotterdam incitaron sin querer el levantamiento sádico de las hogueras de la Inquisición, a las que sucumbieron en el intento de sublevación contra los abusos de la iglesia católica; la pretensión de la compra o venta de lo espiritual por medio de bienes materiales de los cuales se negaron a tomar partido.
La etapa de Bruegel en Bruselas sería breve, pero su producción muy vasta, en ese período realizó una de sus obras maestras, "Los meses", de la que se conservan solo cinco escenas. Luego de esta se sucederán entre 1566 y 1568 las secuencias "rústicas" por las que será conocido como "Bruegel el de los campesinos". 
Tuvo dos hijos que también serian pintores, Pieter el joven (1564) y Jan de Velours (1568). Pieter Bruegel murió en 1569, al poco tiempo del nacimiento de sus hijos.
El epitafio de su sepulcro dice: "A Pieter Bruegel, de exactísima factura y de bellísimo estilo pictórico", aunque sería célebremente recordado como el pintor de los campesinos.  

El vino de la fiesta de San Martín

 La pintura permaneció en posesión de los duques de Mendinaceli hasta 1956, cuando falleció el XVII duque, luego pasaría a una colección privada hasta que en 2009, a través de la casa de subastas Sotheby´s, llegó a manos del Museo del Prado.
Es una de las pocas obras firmadas por el artista, y presumiblemente corresponde a su etapa tardía, entre. 1565 y 1568, algo que se desprende por el tratamiento de las figuras a mayor escala, con más rasgo expresivo y la individualidad casi retratística de las mismas. 
Bruegel pintó lo particular, lo transitorio de la vida pero paradójicamente nos transmite lo universal del instinto humano, en cualquier época.  Si el arte es símbolo mas allá de lo explícito, Bruegel es símbolo dentro del símbolo. 
Para el departamento de restauración del museo, devolverle su aspecto original fue un desafío enorme, ya que esta maravillosa sarga es un delicado temple sobre lienzo, que duplica en tamaño a las otras obras de su autoría. 
En el laboratorio se hicieron los análisis y radiografías de los pigmentos y barniz que la cubría, una capa muy gruesa y brillante de poliéster la cual fue removida para apreciar la textura, y los colores mate de la pintura.
Como expresa la historiadora de arte Alicia Rodés Vilà en su libro "El vino de la fiesta de San Martín" "adentrarse a los rocambolescos entresijos de la obra, discriminando sus nudos esenciales fue un esfuerzo casi titánico, y de una gran erudición". 
La novelista belga, Marguerite Yourcenar sostuvo: "Nos separan varios siglos en donde la razón humana se encontraba prisionera en un círculo de llamas".
San Martín de Tours fue un santo que vivió en el siglo IV, en el seno de una familia del ejercito romano. Según la leyenda, en el año 337, en la puerta de la ciudad de Amiens, encontró a un mendigo tiritando de frío. Asió su espada y con ella dividió su capa en dos. Una parte la concedió al tullido. Cuando alcanzó sus 20 años abandonó la carrera militar y decidió hacerse monje para dedicar su vida a Dios.
Gracias a su labor evangelizadora la iglesia católica lo reconoció y canonizó sin haber sido martirizado. Hay que tener en cuenta que su influjo sirvió para convertir al catolicismo, a la población campesina que idolatraba ídolos paganos.  
Su carismática irradiación es tan amplia que se le adjudica muchas  advocaciones y patrocinios en diferentes partes del mundo.
San Martín fue un personaje apasionante. Su vida y obra aparece como tema recurrente en las pinturas de muchos artistas de épocas diferentes. Lo que se conoce de su vida es gracias a Sulpicio Severo, coetáneo y discípulo suyo, que se encargó de escribirla.
El calendario litúrgico cristiano celebra a San Martín cada 11 de noviembre; y en honor al él se tomaba vino y se comía oca, ave que migra para el otoño. Bruegel adaptó esta historia del santo y la trasladó a Flandes del siglo XVI, a su época, en las afueras de la ciudad, en el campo.
La representación "El vino de la fiesta de San Martín" es casi un bacanal dionisíaco. 
Dioniso el dios griego del vino era uno de los más primitivos del Olimpo, una divinidad agraria como lo eran todas las deidades primitivas; el dios de los campesinos. 
Los rituales agrarios en la antigüedad eran inspiradores del éxtasis y el desenfreno, basándose en las pasiones carnales, en el instinto primitivo y animal. Las bacantes eran mujeres griegas adoradoras del dios y participes del rito, solían desplegar acciones salvajes y arcaicas, como despedazar y comer a pequeños animales vivos. En ese delirante accionar alcanzaban un estado de excitación que los griegos denominaban enthousiasmós que generaba el deseo en los adoradores de absorber las cualidades del dios. En "Las Bacantes de Euripides" se narran estos estados de delirio y arrebato, en donde parte de los sacrificados eran seres humanos.
El catolicismo moderó todos esos ritos antiguos, en un nuevo simbolismo, un ejemplo es la Eucaristía, en donde las sustancias del pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo denominado transustanciación.
Los campesinos celebraban cada año la llegada del vino, que sus patrones le concedían como tributo a su trabajo y gran esfuerzo.   
Era un festejo en agradecimiento al Santo; porque el vino era algo sustancial para sus vidas. Se bebía para sobrevivir del frío y las adversidades del duro invierno y por el desgaste diario de los cuerpos sometidos a grandes esfuerzos para subsistir.
A decir verdad, Pieter Bruegel fue más que un pintor. Se lo puede definir como un indagador de almas. Un observador agudo de lo que en filosofía se denomina la condición humana, permitiendo reflexionar como el ser humano necesita de la aplicación de su conciencia para comprender más su condición, que lo posesione, le permita ubicarse en cuerpo, alma y espíritu.
Si observamos detenidamente la obra, podemos deducir que la misma está organizada en base a la geometría de acuerdo con el Renacimiento Clásico italiano, en la búsqueda de la simetría, proporción y equilibrio.
Los elementos o figuras en la composición poseen una distribución que tiene en cuenta su valor individual como parte subordinada al todo. El triángulo es una evocación simbólica de La Santísima Trinidad, cuya formula trinitaria refiere al Padre, Hijo, y Espíritu Santo.
Si trazamos tres líneas imaginarias encerrando la mayor concentración de figuras que componen la pintura, descubrimos que las mismas están distribuidas sobre una forma figurativa piramidal, es decir dentro de un triángulo equilátero imaginario, ubicado en el centro de la pintura.
En donde Bruegel desplegó una turba de personas desesperadas que se alzan tratando de alcanzar el chorro de vino que sale de un barril pintado de rojo, la forma circular del mismo dentro del triangulo evocador remite "al ojo que todo lo ve", llamado "El Ojo de la Providencia" como un atributo de la personificación de la "Divina Providencia", es decir, la benevolencia de Dios.
El círculo es símbolo de la perfección en el Renacimiento, pero a diferencia del que encierra el canon de las proporciones de "El Hombre de Vitruvio" de Leonardo Da Vinci, Bruegel ubica de forma circular en el margen izquierdo a cuatro hombres en estado superlativo de ebriedad, en actitud pecaminosa y descontrolados. 
Todos estos borrachos no entran dentro del simbolismo de la figura, sino que se despliegan en el borde invisible, (ya que debemos reproducirlo mentalmente) como consecuencia de sus actos: la fuerza centrífuga circular los expulsa fuera de su superficie virtuosa.
Uno de ellos se encuentra de pie tambaleante a punto de darse de bruces al piso, otro yace sobre el mismo, tan beodo que parece apoyar la mejilla sobre su propio vómito.  
El círculo remite al movimiento y, como símbolo fundamental, condensa la experiencia total del hombre, cósmica, religiosa, social, psíquica, en los tres niveles, inconsciente, consciente y supraconsciente.
De espalda a este grupo se yergue una madre que le da de beber vino a su hijo, y por detrás de los mismos se representa la cruz católica.
La veta que diferencia a Bruegel de otros surge por la característica de su personalidad al retratar las miserias humanas con un dejo de ironía y humor. Sin lugar a dudas, fue un gran maestro en generar movimiento en las figuras, algo en lo que también se destacó Rubens que tuvo a Jan Bruegel, el Joven, como uno de los pintores principales de su taller.
En el margen derecho de la obra, de espaldas, colocó a San Martín como un jinete, con un lineamiento nuevamente triangular trazado por la pata del caballo, el perro y los dos mendigos. Al santo lo vistió de manera burguesa, aunque éste no fue burgués ni vivió en época moderna, lo pintó como un caballero del siglo XVI. 
Bruegel marcó de este modo la diferenciación entre dos mundos el de los burgueses y los campesinos. La prudencia burguesa la asoció con la mesura y a su vez en primer plano resaltó el protagonismo del campesino, en su hábitat, más natural por así decirlo, más bestial y alejado de la moderación.
Burgueses son los jinetes que se alejan en el extremo derecho, y también los del lado izquierdo, en donde retrató diminutos personajes que regresan a la ciudad, retornando quizás de la fiesta que se transformó en descontrol. A lo lejos, en perspectiva aérea, pintó la Puerta de Hal de ingreso a la ciudad. Las ciudades en aquel entonces cerraban sus puertas al anochecer, los caminos que conducían a la aldea donde vivían los campesinos podían volverse peligrosos de noche. 
En "La nave de los necios" (1494) el humanista Sebastian Brant señaló que cada campesino quería tener un sacerdote en su familia, la intención de piedad más que nada se originaba en huir de la pobreza.
Bruegel hizo hincapié en las conductas morales más allá de cualquier investidura humana, como por ejemplo el joven clérigo robando. Lo ubicó en el centro del gentío piramidal, por detrás de la mujer que lleva en brazos a un bebé robusto y de la que cuelga un pequeño bolso, que el bribón con sotana esta a punto de birlar: "El amor está en el lado donde cuelga la bolsa de dinero", predica un proverbio flamenco.  
"Los Proverbios Flamencos" (1559), uno de sus cuadros más famosos, está dedicado a este tema, en donde describe más de cien dichos populares. 
La bolsa de dinero que tiene tentado al curita silbante pertenece a esta madre que por su figura monumental el artista destacó, en relación al tamaño de las otras.
Teniendo en cuenta la situación social de la mujer en el siglo XVI podemos pensar que se trata de una cortesana. El pintor la dotó de una serie de indicios tales como estar sin la compañía de un hombre, algo impensable para una mujer del siglo XVI. La prostitución se había convertido en un problema serio como consecuencia del cambio profundo de paradigma, el paso del medievo a la modernidad burguesa; ese paso se quiso restringir poniendo coto a la moral medieval, tanto protestantes como católicos. Se restringió la copula al matrimonio, y todo lo que se hiciera fuera de él en materia sexual, era considerado fornicación y merecía castigo.
Bruegel revistió de sospechosa moral a la "buscona", por los detalles que le agregó a la misma. Por un lado la dotó con un broche en su pecho, que es la única joya que pintó y por otro su propio hijo en comparación con el resto de los campesinos, se encuentra mejor alimentado, llevando en una de sus manos una fruta. La fruta era un alimento al alcance de las clases dirigentes, además este niño sostiene una especie de pulsera con cuentas de coral, elemento que se utilizaba para prevenir las enfermedades y también para hacer frente al mal de ojo, el coral era privilegio de los pudientes en una sociedad jerarquizada.
Como vemos, Bruegel fue un narrador extraordinario, con sus cuadros. Relatos ricos en personajes y pormenores. Su obra de infinitos detalles denota la lucidez mental y su coraje como artista, sin temor a pagar el costo, ya que la Inquisición era un tribunal sanguinario.
Su sensibilidad superó lo formal al hablarnos en silencio de una verdad a la vista de todos con un sentido profundo de piedad. 
Marcó el contraste y la lucha entre la opulencia y la miseria. No creemos que fuera casualidad su observación amarga y pesimista a la humanidad que lo rodeaba. 

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