
Más de diez gimnasios cerraron y otros diez peligran su continuidad
Redacción
Bocinazos, carteles y tristeza. Así se vivió una nueva movilización del sector de gimnasios y afines de la ciudad, frente al Municipio. Agotados por la falta de respuesta que les permita abrir sus puertas y sostener sus fuentes de trabajo, ya son más de una decena de gimnasios los que cerraron sus puertas y otros tantos más que peligrando su continuidad.
En el lugar, numerosos representantes del sector acompañados por sus alumnos expresaron una vez más la necesidad imperiosa de trabajar. "Estamos acá tratando de defender nuestro derecho al trabajo con protocolos, que todo se normalice y se ponga aforo en nuestra actividad. A nivel nacional ya son 1.600 los gimnasios que han cerrado y en Rafaela hoy por hoy son de 10 a 15 gimnasios cerrados y otros 10 que peligran su continuidad", resaltó Carlos, profesor de educación física de la ciudad.
"El que no se da cuenta que nuestra actividad es salud, no entiende nada. La actividad física ayuda para enfermedades preexistentes y para la rehabilitación y aún no podemos trabajar. Es un desgaste terrible psicológicamente, ya no nos gusta venir acá, nos sentimos que somos delincuentes, pero lo único que pedimos es poder trabajar. Siempre tuvimos un buen diálogo con el Municipio, pero necesitamos que de alguna manera nos dejen trabajar", resaltó.
Por otro lado, Ariel, otro profe de la ciudad expresó que "la sensación es que hay mucho manoseo, nosotros tuvimos muchas reuniones y hay buena predisposición por parte del Municipio y ellos elevaron nuestra propuesta a la Provincia, muchos recibimos ayuda económica, pero ese dinero no alcanza, no cubre los gastos y ya después de un año trabajando así, no nos podemos acomodar como rubro".
"Es como pedirle a un trabajador que se quede en su casa, deje de ganar el sueldo y que pague los gastos que tiene, alquiler, impuestos. Somos 90 gimnasios y afines, y cada uno tiene una realidad distinta desde lo económico, pedimos un poco de empatía".
"Primero nos pidieron el 30%, luego nos mandaron a trabajar a la vereda, y ahora nos cierran, ya desde el año pasado tenemos esta situación. Hoy un alquiler está arriba de 50 mil pesos, y a eso hay que sumarles los demás gastos, estamos al límite, quebrados económicamente, y al límite anímicamente", subrayó Liliana, otra profe de la ciudad.
"Estamos hartos de ser los últimos que abrimos, nosotros no somos los que perjudicamos, los contagios no están dentro de los gimnasios, no somos recreación, somos centros de salud. Necesitamos trabajar como todos los comercios de Rafaela. No sé por qué siempre nos ponen el pie en la cabeza. Pónganse cinco minutos en mi lugar, esa palabra empatía que todos usamos pero no aplicamos, ves que todos pueden trabajar y vos sos el único rubro cerrado ¿cómo se sentirían? Estamos al borde de la locura, sin respuestas, estamos solos y cansados, ahora para pagar los impuestos estamos, para pagar el alquiler estamos, ahora nos aumentan el monotributo y de ¿dónde sacamos la plata? pedimos tener derecho a trabajar, no somos ladrones", sentenció Cecilia.


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