Las referencias hacia el sector industrial resultan desafortunadas e inoportunas, particularmente en un ámbito orientado a promover inversiones y fortalecer la confianza en el país. Las descalificaciones no contribuyen a ese objetivo y generan tensiones innecesarias con quienes, en todo el territorio nacional, sostienen la producción, la inversión y el empleo. La industria argentina está integrada mayoritariamente por empresas y trabajadores comprometidos con el desarrollo, por lo que las generalizaciones injustas no reflejan la realidad de ese entramado productivo.
Creemos que el debate público debería concentrarse en los desafíos verdaderamente relevantes para mejorar la competitividad estructural del país: avanzar hacia una reforma impositiva integral, desarrollar un mercado de capitales y un sistema financiero que impulsen la inversión productiva, reactivar obras de infraestructura estratégicas y fortalecer el sistema educativo, científico y tecnológico.
La magnitud de estas transformaciones exige una actitud propositiva, constructiva y de buena fe. Solo a partir del respeto institucional y la construcción de consensos amplios será posible avanzar en las reformas pendientes y sentar bases firmes para un desarrollo sostenido de la Argentina.
















