
Argentina, el fútbol y la épica del sufrimiento

Argentina sabe jugar al fútbol, pero eso lo saben muchos. El tema es que Argentina además sabe sufrir el fútbol, y eso no es para cualquiera. Cabo Verde en octavos de final y Egipto en cuartos —dos equipos menores, sí— tuvieron contra las cuerdas al campeón del mundo, pero al final del camino se encontraron ante la misma encrucijada. A la Albiceleste no basta con ganarle: hay que rematarla, pisarla y volver a ganarle para terminar de liquidar a una selección que tiene dentro de sí un gen que construyó con décadas de cultura futbolística, hecho de talento pero también de resiliencia ante la adversidad. Cuando al equipo de Scaloni no le alcanza para ganar —y mostró poco fútbol en este Mundial—, recurre a otra carta: que alguien le gane.
Argentina en 2026 parece agonizar, pero avanza a los tumbos, como si de fondo sonara la voz desgarrada de Roberto Goyeneche en Naranjo en Flor, ese tango que proclama “primero hay que saber sufrir”. O, también, como si el soundtrack de los goles de Messi en Estados Unidos fuera Mercedes Sosa cantando Como la Cigarra: “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, y sin embargo estoy aquí, resucitando. Gracias doy a la desgracia, y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, y seguí cantando”.
El próximo rival será Suiza, el sábado, en un partido ya contaminado por la sospecha sobre los árbitros que lanzó el técnico de Egipto, Hossam Hassan, y que buena parte de los simpatizantes de otros países parecen validar. El entrenador suizo, Murat Yakin, dijo además en voz alta lo que todos vieron de la Albiceleste en el Mundial pero que tal vez se le convierta en un bumerán: “Argentina es vulnerable”. Son recelos o diagnósticos que no suelen ser una buena idea para los adversarios del campeón defensor, en el césped y en las redes: los futbolistas y entrenadores argentinos se especializan en transformar la bronca en su combustible y crearse enemigos, reales o ficticios, para darse más fuerzas.
En los últimos 50 años de los Mundiales, los compatriotas de Maradona y Messi se convirtieron en una de las principales potencias de la Copa, o acaso en la principal: tres títulos, cinco finales y los dos jugadores más grandes de la era de la televisión a color. Pero no solo es fútbol. Es también un drama. Y Argentina está diseñada para sobrevivir. El País.


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