
Antonio Fassi vuela en palomita blanca

Discreto. Respetuoso. Amable. Atento.
Antonio Fassi partió prácticamente sin avisar, pero no por desatento.
Tal cual como aparecía en las reuniones sociales con esa sonrisa típica de él, diferente a la de cualquier persona.
Posiblemente la palomita se le presentó y con urgencia le dijo que no debía esperar señal. Ni gesto, ni duda, trepándose a un vuelo expreso, donde solo viajarían grandes.
Es posible también que le haya dicho que ese viaje express estaba previsto para dos que abarcaban las emociones como ellos solos.
No le dijo que su compañero de vuelo era otro ser único, esos que dejan de vivir “de pronto”. Si le hubiera dicho que era el Morocho, seguro que Antonio Fassi no habría aceptado. Así era su sentirde respeto. Lo que debe haber ocurrido fue que la Palomita le advirtió, como disculpándose “tengo solo dos alas, Antonio, y son para excepcionales artistas y personas. Este es el momento”.
Para cerrar la orden, dijo claro y alto que eran órdenes precisas y que los dos eran los mejores encantarle a ella “esa música especial”.
Y la paloma partió, con las alas en forma de canción.
Le gustaba sentir a Antonio Fassi gente cerca que fuera capaz de apreciar el canto. Y apuntabaalto, a Les Luthiers. Acostumbraba decir chistes de ellos, aún cuando no vinieran al caso.
Apreciaba mucho el canto y la música como expresiones supremas y, mucho más, a los gustadores del arte sin hacerlo solemne. Si el público era un conjunto de amigos, se constituía el acto en una especie de Paraíso selecto.
Un día dijo: voy a cantar en el frente de mi casa canciones patrias. Hizo correr las negras y las blancas y, acompañado por Raúl Viggini, sentados los dos en el frente de la casa, con puertas y ventanas abiertas, cantó.
Público, vecinos y de otros barrios se fueron acercando. Automóviles y personas abrieron sus ventanas y celebraron ese canto de perfecta afinación argentina.
Antonio Fassi sabía mucho y era feliz compartiendo. Pueden decirlo sus alumnos y tantos representantes de la ciudad en los encuentros de Cosquín. Y los lectores de la prensa escrita que, al constatar que el artículo informativo había sido confeccionado por él, se aprestaban a recibirnoticias y técnicas de primera.
Su nombre fue un sello de calidad. Se disfrutaban sus producciones desde antes de ser emitidas.
Fue especial. Un ser notable. Un grupo de humanidad, de esos que emiten placer por el encuentro mismo.
¡Ah! Faltaba decirlo.
La paloma tenía prevista una escala en el “arbulín”, antes de constituirse en esencia.
Tampoco se lo dijo: quería sorprenderlo.


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