Los estremecedores detalles del secuestro y la muerte del ejecutivo de FIAT en manos del ERP

Especiales - Contratapa 23 de marzo de 2022 Por Redacción web
En marzo de 1972, el ERP secuestró al nº 3 de la automotriz a nivel mundial, quien apareció muerto tres semanas después en una casa de Villa Lugano, tras un tiroteo entre guerrilleros y la policía. Las negociaciones con Santucho en la cárcel de Devoto, el reclamo internacional y la presión sobre Lanusse para aceptar un canje por detenidos, que rechazó. El testimonio exclusivo de uno de los secuestradores, que custodió a Sallustro en un sótano.
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Por Marcelo Larraquy. El 10 de abril de 1972, el director del Grupo FIAT de la Argentina, Oberdán Sallustro, apareció muerto en una casa de Villa Lugano. Su cuerpo tenía tres tiros, uno en la cabeza y dos en el pecho. El desenlace se produjo cuando cuatro policías que rastrillaban el barrio llamaron a la puerta del domicilio de Castañares 5413 y fueron rechazados a tiros. Durante veinte minutos la cuadra quedó paralizado por la balacera. Hasta que desde la casa les gritaron a los policías que tenían a Sallustro y que, si no se iban, lo matarían. Se produjo una tregua de hecho, un momento de silencio que fue quebrado por el sonido de tres tiros, y en forma inmediata, tres hombres escaparon por el fondo de la casa.
Cuando la policía irrumpió, encontraron a una mujer joven, que estaba sola y quieta en el living, desarmada.
Sallustro era hijo de padres italianos. Había nacido en Paraguay, pero vivió en Turín desde pequeño. Formó parte de la resistencia antifascista que combatió a Benito Mussolini, y después de la guerra se doctoró en Jurisprudencia e inició su carrera como directivo en el Grupo FIAT. En la década del '60, cuando la empresa tenía momentos de conflictividad con los trabajadores. Fue enviado a la Argentina para potenciar la producción de automóviles.
La decisión de su secuestro surgió en un momento en que, por detenciones, caídas y crisis partidaria, de la organización guerrillera PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo) operaba con una autonomía de hecho, con "direcciones paralelas" que decidían sus acciones militares al margen de los organismos del partido. En el último trimestre de 1971 el Comité Militar de Buenos Aires estaba a cargo de Osvaldo Sigfrido De Benedetti, "El Tordo".
De Benedetti puso a funcionar dos planes operativos. Uno de ellos estaba en el aire, pero no se ejecutaban: el robo a la sede del Banco Nacional de Desarrollo, ubicado a metros de la Casa Rosada, de donde se llevaron un botín de diez millones de dólares a fines de 1972, y el secuestro de Sallustro, en el mes de marzo. La operación la dirigió él mismo.
Al momento de su secuestro, el funcionario de FIAT vivía en una casa de la calle Casares, en Martínez, zona norte del Gran Buenos Aires. Cada mañana, su chofer y guardaespaldas José Fuentes lo conducía a las oficinas de la empresa en el centro portenño. Ese fue el primer informe que reportó la inteligencia sobre Sallustro. A partir de entonces se realizó el diseño de la operación. La información de que el funcionario viajaría a Italia en forma inminente aceleró los tiempos. De Benedetti decidió ejecutar el plan, aun cuando la "cárcel del pueblo" que lo alojaría no se había terminado de construir.
En el disenño original, un auto estacionado sobre Casares daría el alerta por walkie-talkie cuando Sallustro saliera de su casa, y una camioneta le cerraría el paso cuando atravesara la esquina de Pasteur. La camioneta estaba lista. Había sido robada y adaptada pocos días antes. Y el auto que daría el aviso, también.
El 21 de marzo de 1972, la camioneta encerró al Fiat 1500 de Sallustro, quien fue sacado a golpes por un grupo de hombres. Su chofer, José Fuentes, fue neutralizado con un tiro en hombro. La familia avisó ese mismo día que el empresario tenía una afección cardíaca que requería atención permanente. Pidió a los secuestradores que le suministraran los medicamentos con los que se trataba.
Por la tarde, en el baño de un bar portenño, fue hallado un comunicado del PRT-ERP que informó que Sallustro estaba a disposición de la "justicia popular" para responder sobre "prácticas monopolistas", despidos de obreros de FIAT y encarcelamiento de obreros y dirigentes sindicales.
Por la referencia del comunicado, seiscientos hombres del Ejército, la Gendarmería y la policía local rastrillaron la provincia de Córdoba, donde estaba asentado el complejo automotriz. Hubo veinticinco detenidos.
Un día después, procedente de Italia, aterrizó en Buenos Aires el presidente del Grupo FIAT, Aurelio Peccei, para intervenir en las negociaciones. La llegada de Peccei le marcó al PRT-ERP la real dimensión del directivo que habiìan raptado. La empresa consideraba insustituible a Sallustro. Pero el interés de Peccei por preservar su vida era personal: era su amigo desde los tiempos de la resistencia al fascismo —cuando Peccei estuvo a punto de ser fusilado— y habiìan trabajado juntos en la Argentina. Peccei —y también FIAT— estaba dispuesto a dar todo por la libertad de Sallustro.
Las exigencias del PRT-ERP para su rescate se conocieron dos días después del secuestro. Debían cumplirlas en cuarenta y ocho horas, so pena de fusilamiento. Cinco de los siete puntos no eran de resolución difícil para la empresa, pero estaban a su alcance. Pero dos de ellos sólo podían ser resueltos por la dictadura militar, entonces a cargo del general Alejandro Agustín Lanusse: la libertad de trabajadores y dirigentes gremiales detenidos por el conflicto con FIAT y y la liberación de medio centenar de prisioneros del PRT-ERP.
La organización guerrillera propuso trasladarlos a Argelia u otro país a convenir.
La presencia de Peccei en la Argentina implicó una presión adicional para Lanusse. El presidente de FIAT quería que la dictadura agotara todas las instancias para que su amigo apareciera sano y salvo, y ese reclamo también lo expresaron el presidente de Italia, Giovanni Leone, y el papa Paulo VI en su sermón del domingo en Plaza San Pedro.
Lanusse bloqueó la presión con un comunicado que difundió después de su reunión con Peccei. La dictadura se involucraría en tratos con el PRT-ERP. No lo harían ellos ni permitirían que lo hiciera FIAT, o algún tercero.
En resumen: para la dictadura, el caso Sallustro era un asunto interno, de competencia exclusiva del Estado argentino y obraría como tal, de acuerdo con sus propias convicciones.
Tras su secuestro, Sallustro había sido trasladado a Reconquista 180, una casa de Villa Ballester. Lo colocaron en el camastro de un sótano ubicado debajo de una pieza. Allí le tomaron una foto, que distribuyeron como prueba de vida, delante de una sábana con la inscripción "ERP. A vencer o morir".
Sallustro tenía puesta una camisa blanca y una expresión serena e incierta.
La casa no estaba preparada como "cárcel del pueblo". Hacía pocos meses había sido alquilada por dos militantes PRT-ERP que firmaron el contrato con nombres legales. Tenían alrededor de 25 años. El joven entraba y salía, casi siempre en los mismos horarios, con una furgoneta Citroen blanca. La mujer, con pocos meses de embarazo, barría la vereda y hacía compras en el almacén en distintos horarios.
Sallustro permaneció nueve días en el sótano de la casa. El trato era amable. Les relataba a sus captores anécdotas sobre la resistencia antifascista en las brigadas de Giustizia e Libertad. En un momento quiso escribir una nota para su familia y le facilitaron un papel y le dijeron que se la harían llegar. Fue una carta corta, escrita en italiano con la lapicera que había conservado al momento del secuestro, y llegó a manos de su familia esa misma noche. Estaba dirigida a "Ida e hijos, nietos, hermanos y amigos de FIAT y toda la organización". Decía:
"Estoy bien. Los recuerdo a todos. Me tratan con deferencia. Abrazo a todos y bendigo a todos los hijos presentes y lejanos. A todos ustedes un fortísimo abrazo recordándoles, para su serenidad, que siempre he actuado en orden con mi conciencia. Afectuosamente, Oberdán Sallustro".
La pericia caligráfica certificó que la carta correspondía al directivo, y su tinta permitió corroborar que había sido escrita hacía pocas horas. Sobre la base de esa conclusión, se abandonó la pista en Córdoba y la búsqueda se centró en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Cerca de cuatro mil hombres del Ejército y fuerzas de seguridad inspeccionaron viviendas, depósitos, fábricas, playones ferroviarios. Se instalaron retenes de control en rutas, avenidas y calles. La búsqueda más fina y metódica avanzó sobre los contratos de alquiler de casas firmados en los últimos tres meses por parejas jóvenes y con garantías compradas.

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