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La leyenda del Maestro

A los 74 años, frágil de salud y jaqueado por resultados adversos, el entrenador que marcó una profunda huella en el fútbol ha dejado de ser el técnico del Seleccionado de Uruguay. Ésta es su historia contada con un collage de sus mejores respuestas.

Deportes - La Otra Mirada 22 de noviembre de 2021 Redacción web Redacción web
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Por Oscar Martínez. "Tabárez logró que su manera de ver el deporte impactara la sociedad uruguaya. "El camino es la recompensa", dijo levantando el puño izquierdo ante la multitud que lo recibía como héroe tras la inolvidable actuación de su selección en el Mundial de Sudáfrica. Una frase que se volvió parte de la cultura popular. El Maestro es un influencer sin canal de YouTube", escribió Sarah Castro Lizarazo en el diario El País de Madrid.
La imagen se repetía en cualquier estadio, potenciada desde que se sabe que el hombre pelea contra el síndrome de Guillain-Barré, un trastorno neurológico autoinmune que ataca una parte del sistema nervioso periférico. Óscar Washington Tabárez entraba a la cancha con pasos calculados, suavecitos, muy débiles, aferrado a un par de muletas que le ayudaban en su traslado. Entonces los hinchas, no importa cuales, propios o rivales, lo aplaudían con admiración y respeto. Es que hoy el Maestro pisa suave, pero sus pasos siguen siendo los de un gigante del fútbol.
Tabárez ganó con Uruguay la Copa América en 2011, el cuarto lugar del Mundial de Sudáfrica 2010 y colocó a la Celeste durante más de una década en los primeros niveles del fútbol internacional. Fue elegido el mejor técnico de América en 2010 y 2011 y consiguió la Orden Mérito de FIFA en 2012. En el Mundial de Italia 90 llegó a octavos de final y allí terminó su primer ciclo. Hasta su regreso, por el seleccionado uruguayo pasaron 13 técnicos distintos, y solo consiguió la Copa América de 1995, como locales, pero se quedó fuera del Mundial de Estados Unidos 1994. Lo llamaron para que los clasifique a la Copa del Mundo Alemania 2006. Y él respondió con quince años extraordinarios.
Tabárez de pibe era Washington, tal como le decían en su barrio de Montevideo, Cerrito La Victoria. Y era un zaguero central nada espectacular. "Hasta que en el 79 decidí dejar y hacer el curso de entrenador. Fue una decisión difícil: yo trabajaba como maestro, teníamos tres hijas y casi no nos alcanzaba para lo mínimo. Como jugador, mal que mal nos arreglábamos. La pregunta ahora era qué vamos a comer..."
Las respuestas fueron llegando. En 1980 empezó como supervisor de las divisiones inferiores de Bella Vista. En el '83 fue campeón Panamericano Juvenil con Uruguay, en Caracas; en el '84 dirigió Danubio; luego Wanderers; la Selección Juvenil en el '86; Peñarol en el '87 -con quien fue campeón de América-; Deportivo Cali de Colombia en el '88 y la Selección Mayor de Uruguay desde 1988 hasta 1990. Luego lo disfrutamos en Argentina con sus dos etapas en Boca y una en Vélez. Pero además pasó por Cagliarí, Milán y Oviedo, sin respetar un orden cronológico. Para finalmente empezar el inimitable último ciclo en la selección de Uruguay.
Se reconoce admirador de Osvaldo Soriano, de Gabriel García Márquez, de Eduardo Galeano y Mario Benedetti. "Me preguntaron cómo era como alumno, y dije que era un alumno correcto, no me destacaba en nada especial. No me sobraba inteligencia ni iniciativa, ni liderazgo. Era muy de reflexionar sobre el lugar que ocupaba en los pequeños grupos, no solo en la escuela. Aceptaba las cosas. Y tenía capacidad de asombro y de admiración hacia los que sí se distinguían", contaba el Maestro, que dibujaba palabras en la Escuela 189 de la Villa del Cerro y hasta fue el Director del Colegio número 30. 
"Como entonces, cuando dejé la escuela, no sé qué haré ahora, en la vida no hay nada escrito. Yo no veo el destino como algo que ya está asignado por encima del esfuerzo personal y de hacer el propio camino. No creo en esas cosas, podrán existir y podrá haber otro que sí cree y esté en desacuerdo conmigo, pero para mí no es así. Yo, como Antonio Machado, creo que se hace camino al andar".

- Entonces, ¿uno es quien hace su destino?
- "Pero uno jamás se hace solo, es producto de toda una trayectoria en la que muchos otros han influido. Tuve muchos maestros, entrenadores, compañeros futbolistas y de cuerpos técnicos, que han sido mis maestros, pero no he tenido un solo referente. De todos he sacado cosas, algunas aprovechables y otras no. También están los desconocidos para el espectador, los amigos, que son unos pocos".

- ¿Cómo se considera usted?
- "Como una persona común, que pasó por etapas que pueden pasar la mayoría de las personas, el tener una familia, enamorarse, casarse. La familia es fundamental cuando uno accede en el fútbol a un nivel de trascendencia, que cada vez lo absorbe más, y lo deja más expuesto a las críticas. Los que sufren más son los familiares".

- Pero son pocas las personas comunes que disfrutan del reconocimiento que goza usted.
- "En el último tiempo he sentido una devolución, que en mi país es inédita. Algo parecido viví con la gente de Boca en el 92. Y por lo que se dice, por lo que uno capta, se da por cosas que van más allá de haber ganado un partido de fútbol. Es por una imagen que ha dado este grupo de futbolistas que trabaja con nosotros. Y que ha generado mucha resonancia en toda la población, en la gente joven, en las mujeres, en sectores donde el fútbol no hacía tanto ruido".

- ¿Se adaptó a ello?
- "No es sencillo acostumbrarse a las muestras de afecto. Cuando salgo por la calle, la gente hace que los tiempos no sean los que planifiqué y hasta me siento incómodo, me da como vergüenza. Pero es algo muy grato".

- ¿El fútbol es su obsesión?
- "No, trato de no se obsesivo. Respeto y a veces hasta admiro a gente que es obsesiva en su trabajo. Yo creo más en los signos de exigencia y de pausa, así como a los futbolistas trato de darles libertad adentro de la cancha, dentro de las obligaciones que se les fijan, porque son ellos quienes tienen que tomar las decisiones. Cuando las cosas no dependen exclusivamente de uno, el ser obsesivo puede transformarse en un error. Suelo pensar en lo que podría haber sido, sobre todo cuando perdemos. Eso sirve para tener los pies sobre la tierra y a la vez entender que hay ciertas cosas que no son imposibles si se dan las condicionantes. Creo que hay que estar sujetos a lo que dicte la realidad. Mirarla e interpretarla es fundamental. Si forzamos la realidad por un acto de vanidad, creyendo que lo nuestro va más allá de las circunstancias, estamos cometiendo una gran equivocación".

- ¿Lo fue aprendiendo con la experiencia?
- "Creo que a veces se asocia la experiencia con la edad, pero no hay una relación unívoca. Puede haber jóvenes que capitalicen mucho todo lo que les está ocurriendo en la vida y otros de mucha edad que si ni siquiera analizan lo que les está pasando. Es muy relativo. Pero siempre hay posibilidades de aprender. Trato de hacerlo cada día. Y trato de transmitirlo. No es que me siente a darle clases a un futbolista. Pero viendo cómo encaran desafíos, y cómo algunos superan las expectativas que se pueden tener respecto de ellos, me pongo a pensar por qué suceden esas cosas y qué condiciones tienen para que los lleven a eso. Eso permite aprender. Algunos le dicen tener más experiencia".

- ¿Cuál es la manera ideal de jugar de un equipo de Tabárez?
- "Yo la llamo mi estrategia de juego. Los libros podrán decir un montón de cosas, pero un entrenador tiene que tener sus conceptos. La táctica aparece cuando hay un rival enfrente. Pero yo muchas veces entreno sin saber cuándo empieza el campeonato o contra quién voy a jugar. Ahí estoy entrenando la estrategia de juego del equipo, que es algo un poco ideal, inalterable, que tiene determinados fundamentos físicos, técnico-tácticos, psicológicos... La planificación táctica del partido siempre va a estar basada en la estrategia de juego que uno viene teniendo en la mente desde hace mucho tiempo, y que además es la base de todo lo que uno puede trabajar en la cancha. Siempre les pido a mis jugadores que den algo más. Y ese poquito más se puede lograr cuando se apunta a las personas, cuando se las trata con respeto, se les da su justo valor, se las critica cuando hacen algo mal, pero siempre con el positivismo de mejorarlas en el futuro".

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