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El único título fue el de bohemio

Cultura y Sociedad11 de febrero de 2026
Foto Anahi sobre Antonio Fassi 10-02-26

En mi adolescencia muchas veces escuché a mi papá mencionar a un conocido para él, que había ido en una volanta tirada por equinos en un periplo atravesando varios países. Con los años, en mi juventud, frecuentando al entonces profesor Mario Verdú volví a escuchar aquel nombre porque este docente había concretado un periplo símilar a Macchu Pichu pero manejando un Citroen 2 CV que le obligaba ante cada escarpada bajar las valijas, subir el auto y volver caminando a buscar el equipaje para seguir viaje porque el motor que apenas superaba al de una licuadora tenía sus limitaciones. Con el tiempo, supe que ambos viajeros se conocían y respetaban mucho teniéndose como referentes de las manifestaciones no convencionales.

Aquel hombre de campo al regreso ingresó como alumno del Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral cursando la carrera de canto lírico, pero no tuvo diploma porque no había hecho el secundario por lo que volvió con un certificado de capacitación que le permitió demostrar ser un eximio docente de canto en su vida.

Tiempo después integrando el taller musical que dirigía el joven Omar Corrado -aun no egresado como Doctor en Musicología de La Sorbona en Francia- tuve ocasión de conocer lo que significaba en la práctica la técnica vocal cuyo preparador asistente era el señor Antonio Fassi, aquel inquieto organizador del viaje a Bolivia y Perú con su carruaje especialmente preparado para caminos de montaña y otras vicisitudes.

Recuerdo que esas clases en el salón principal del Centro Cultural Municipal de la Sociedad Italiana eran personalizadas. Por seguridad intenté apoyar mi mano sobre el costado del piano y el maestro de canto me la  hizo quitar. Después de la hora intensa de trabajo vocal, cada vez que me retiraba veía que me costaba retomar los pasos sintiéndome inseguro pero nunca lo mencioné hasta que un día otro integrante que asistía también, dijo: “¿Vieron los alumnos que salen de técnica vocal cómo caminan todos inclinados zigzagueantes como sin rumbo fijo?”. Ahí entendí que se trataba del mareo que nos provocaban los ejercicios rigurosos que elevaban los sonidos y retumbaban en la cabeza.

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Pasaron los años, los destinos fueron disímiles, cada uno en lo suyo intentando formar un camino personal y familiar nos encontró un tanto alejados. Pero algún acontecimiento volvió a ponernos en la misma frecuencia que hoy sinceramente desconozco. Y comenzar a visitarlo en su hogar nos permitió retomar charlas, compartir temas comunes, avanzar en apreciaciones acerca de la música, y tanto más.  

Y fueron años de ver cada vez más seguido según mis visitas domiciliarias, cómo trabajaba con sus alumnos que iban a aprender a cantar. Ahí pude saber que el conjunto lo conformaban estudiantes de música, peluquero, médicos, ingenieros, docentes, empleados, actores, amas de casa, jubilados y tantos más de procedencias variadas e insólitas. 

A todos les enseñaba, les exigía, los aconsejaba con el mismo rigor como si fueran a rendir para ingresar a una entidad superior de música.   

Alguna vez Rafaela tuvo el certamen de nuevos valores Pre Cosquín que en una de sus últimas ediciones -porque a pesar de este gran maestro lo dejaron de organizar desde la gestión municipal- tuvo entre la docena de los finalistas a casi una decena que eran alumnos del loco de la volanta.

El Loco de la volanta, nombre del libro que sus allegados logramos que escribiera para divulgar esa experiencia de siete meses bajo las estrellas que muchos quisieron conocer y así agotaron casi dos ediciones llegando a medios de comunicación nacionales, y lectores de Rafaela, la región y otras partes del país.

En algún tiempo se reunian todas las semanas los cuatro hermanos Fassi para hablar piamontés y preservar ese idioma que heredaron de los abuenos inmigramtes pero cada partida hizo que el cuarteto se vaya debilitanto hasta quedar Antonio solo.   

Alguna vez intentamos un conjunto vocal con guitarrista acompañante incluido propuesta a la que a él le había costado un desgaste síquico extremo, y le invertimos un sinnúmero de ensayos pero todo resultó un intento fallido cuando mi recurrente epistaxis impidió verlo realizado.  

Con la trayectoria de haberse jubilado después de trabajar en el campo, integrar el equipo de Relaciones Públicas de Sancor fábrica colaborando con los “¿Sabía usted que...?” en el programa madrugador Mañanitas campesinas de Decio Domingo Costa por LT 28 Radio Rafaela, y como integrante de los equipos docentes fundadores de las dos escuelas de musica de nuestra ciudad, inició sus clases personalizadas en su casa para deleite de alumnos y vecinos que hasta el momento no se conocieron quejas por los sonidos excesivos en decibeles, aunque podrían haber sido sí con algunas imperfecciones en la afinación que se trataba de corregir con perseverancia -del vocalista y del que le enseña- para darle lugar a partir de ahí a encuentros una vez por año o dos tal vez, de canto, y presentarlos en sociedad con la aclaración previa que eran todos vocacionales y muchas veces la primera vez frente al público. Le puse como título y sin mayor publicidad pero mucho humor: Locademia El Alarido. La actividad trascendió hasta un programa de Argentinísima Satelital, además de convocar un centenar de familiares, amigos, allegados y público en general que gustaba de ir a apreciar los repertorios de música popular ofrecidos. 

Esa modalidad se fue diluyendo con la cuarentena en pandemia y la complicación en la salud del docente dificultaba disponer de esa misma metodología. Habían pasado muchos años ya, y la inquieta vena absolutamente sanguínea de este tenor lírico piamontés en 2024 dijo: “Estuve pensando que para el 20 de Junio voy a cantar Aurora en la vereda de mi casa”. Y esto sucedía después de décadas de negarse a entonar melodías lo que significaba un desafío. Para él y para mí que fui convocado para acompañarlo con guitarra. Ese día, previa invitación a vecinos y conocidos, sonó el aria de ópera patriótica frente a medio centenar de público que disfrutó el momento y registró con sus teléfonos a tan punto de interés que a la hora posterior el video ya estaba difundiéndose en las redes y viralizándose impensadamente sumando comentarios tan afectivos como respetuosos valorando la actitud de este patriota octogenario.

Se sucedieron varios recitales estos últimos dos años, sea para fechas patrias o justificando conmemoraciones culturales diversas. El maestro cantó todo lo que se ocurrió y eligió. Todo tenía sentido desde la empatía favoreciendo la camaradería entre la comunidad educativa que había sido testigo de la bandera que personas que admiraban la labor del maestro quisieron reconocer donándola y a partir de allí escoltó cada actividad organizada en ese domicilio de Storero 580.

Todo paralelo a infinidad de reuniones sociales con sobrinos que siempre fueron muy cercanos, amigos de los tiempos de la ruralidad juvenil, alumnos que se sumaron a las charlas, a las empanadas rigurosamente adquiridas en el momento a la rotisería del barrio con el postre consabido del arrollado obra de arte del equipo panadero cercano también. Porque todo queda en familia.

La cuestión siempre fue que haya algo para hacer, alguien para conversar, un mate para compartir, una pava para poner a calentar, una idea para empezar a pergeñar, un destino para no dejar de pensar en el mañana. Son los gajes del inquieto consuetudinario. 

Foto de Antonio Fassi

Porque al calendario de actividades se sumó la reunión dominical rigurosa -salvo el viaje de alguno o un impedimento de fuerza mayor- que se concretaba a primera hora cuando toda la ciudad descansaba, menos el médico de cabecera devenido en partener que llegaba con bizcochitos recién horneados, conmigo en la casa de Antonio. Y ahí se desandaba el camino impredecible de conversar sobre todo lo posible, asistiendo a las reflexiones de toda índole del mayor en edad del trío. Alguna vez fue necesario llegar con el maletín profesional y tomar la presión o auscultar pero en pocas ocasiones.

Todo sucedió sin solución de continuidad también durante los días de semana porque si algo nunca faltó en ese domicilio fueron amigos y de ley.

Siempre nos alentábamos con el dueño de casa diciendo que éramos “casi seres humanos” tomando esa frase de los insuperables Les Luthiers de quienes el maestro de canto era extremo admirador y repetía seguido los textos, las frases, para no olvidarlas y utilizarlas en las conversaciones con quien esto escribe así como con alguna persona que no conocía tanto la obra del conjunto humorístico pero él les daba una clase para desasnarlos.

En mayo del año pasado pudimos acompañarlo al Cerro Colorado después de 55 años de haberlo visitado con la volanta y esa charla con el anfitrión Roberto Kolla Chavero fue emocionante para todos.

Habiendo llegado hasta aquí y tratando de resumir todo lo posible una vida intensa y díscola respetuosamente narrada, nos queda la convicción que es muy difícil encontrar a alguien parecido. No estamos diciendo irreemplazable sino que no es posible que exista alguien asi. Apreciado por sus amigos, querido por sus alumnos, admirado por sus locuras, valorado por su empuje, inconciente por su salud, ingenuo con sus pensamientos, manipulador con sus convicciones, perseverante con sus ideas, terco con lo que no estaba de acuerdo. Pero por sobre todas las cosas pensante, hasta demasiado, como para tener que levantarse a cualquier hora de la noche para darle forma a lo que se le ocurrió como proyecto futuro y no olvidarse de anotarlo.

Antonio Fassi, está todo bien, hiciste siempre lo que quisiste, o lo intentaste. Ahora hacete cargo del espacio gigante que dejaste y ayudanos a entender cómo lo vamos a tener que ir ocupando cuando el piano está mudo, el barrio no te ve pasar caminando con el bastón en el aire en vez de apoyarlo, con las anécdotas de la región que nadie puede contar igual, con la frase célebre de tu abuelita que cuando llegaba un visitante conocido a esa casa que tuvo la puerta abierta hasta hace poco decía con esta fonética: “Sta yusta la buta cauda” para avisar que siempre la pava estaba a punto para cebar el mate de bienvenida. ¡Mai vist cosa parej, Tunin!

 Vuela alto Antonio Fassi, hay un Loco de la volanta celestial desde hoy, con sus equinos, sus clases, su canto, sus óperas, sus locuras sanas contagiadas. “Los caballos atados vuelven a la luna al galope tendido”. … No nos dejes huérfanos de la música y la amistad, cuidanos y bendecinos desde tus sabias y valiosas sentencias.

 Antonio Fassi, Capilla Fassi Colonia Egusquiza 22-05-42 / Rafaela 10-02-26

 Raúl Vigini en la madrugada del 11-02-26

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