¿Es posible tener una terminal modelo?

Locales 25 de noviembre de 2022 Por Redacción web
Las obras y mejoras de la Terminal de Ómnibus de Rafaela continúan demoradas. La inflación y la burocracia alejan cada vez más la posibilidad de concretar las mejoras.
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Por Martín Lehmann. Ante la falta de trenes en nuestro país, el sistema de transporte por ómnibus es desde hace décadas uno de los métodos (forzosamente) más elegidos por la gente para moverse de una ciudad a la otra. 

De esta manera se han convertido en la puerta de entrada a las ciudades, porque es lo primero que ven las personas cuando bajan del ómnibus. Desafortunadamente, casi todas las terminales que he tenido la oportunidad de estar son lugares inhóspitos, confusos para orientarse y poco agradables para estar más que el tiempo necesario en caso de hacer un transbordo. Por supuesto que no puedo dejar de mencionar a la que corresponde a mi ciudad de origen, la Terminal de Retiro. Ésta pasó por varias reformas en los últimos años, pero sigue siendo un portal de entrada poco digno para una ciudad maravillosa como es la Capital Federal.

En mis primeros viajes a Rafaela, me llamó la atención su Terminal por verla limpia, amplia, relativamente moderna y bastante bien ubicada en comparación a otras. Está alejada del centro, pero a una distancia accesible hasta para quien quisiera llegar caminando.

A casi un año de estar viviendo en esta ciudad, ya conociendo el empuje industrial y comercial, la potencia del sector agropecuario y la amabilidad de sus habitantes, puedo asegurar que este espacio no le hace justicia. Rafaela se merece otro tipo de puerta de ingreso para quienes llegan a esta hermosa localidad. Además, el hecho de que sea un núcleo desde donde salen y llegan quienes viven en los pueblos de los alrededores justifica también repensar la importancia que se le está dando a este lugar.

Hoy se encuentra con baños defectuosos, pintura deteriorada, señalización escasa, falta de personal de informaciones y poca oferta gastronómica para quienes necesitan esperar un transbordo. Se trata de cuestiones básicas que ya ni deberían plantearse. Recién resueltos esos ítems, se podrían plantear cuestiones secundarias muy útiles como estaciones de carga para dispositivos electrónicos y por qué no, salas especiales para viajeros frecuentes.

¿Por qué no ocurre todo esto? ¿Por qué todavía la terminal sigue presentando todas estas falencias? La respuesta es sencilla: hoy en día no es negocio La empresa que tiene la concesión se financia básicamente por el canon que pagan los micros por el uso de las dársenas. Pero como como es sabido, las empresas de transporte están nucleadas en grupos muy concentrados gracias al proteccionismo estatal y sindical. Esto les permite imponer sus propias tarifas en desventaja de las concesionarias.

A su vez, otro de los ingresos de dinero proviene del alquiler de locales comerciales dentro de sus instalaciones. Debido a lo poco atractivo que resulta invertir y abrir un negocio en Argentina, esto lógicamente baja la demanda y, por ende, lo precios de esos alquileres. 

"En el caso del personal, también resulta un desafío para la concesionaria. La poca flexibilidad laboral y la industria del juicio han hecho que las terminales no le escapen a las generales de la ley".

En octubre de 2021, la Secretaría de Transporte de la Nación anunció un proyecto que contempla distintas refuncionalizaciones en terminales del país, entre ellas la de Rafaela. El Estado nacional se había comprometido a asignar un total de 104.136.080 pesos para las obras. Sin embargo, las habituales demoras burocráticas han hecho que ese dinero aún no haya llegado, y habiendo pasado más de un año, una inflación de casi 100% destrozó su poder de compra.

Consulté con el gerente de la Terminal, Hernán Gunzinger, quien confirmó que a noviembre de 2022 no hay ningún tipo de avance respecto de esos fondos. "No tuvimos más información de absolutamente nada. Esto lo tiene que estar manejando la Municipalidad. Consultamos 3 o 4 veces nosotros y nunca recibimos respuesta. Nos dicen que sí, que no, que está en trámite o que falta una firma".

En octubre de este año, acerca de ese financiamiento, el concejal Lisandro Mársico indicó: "Es una oportunidad casi única que vamos a tener de que vengan fondos para refuncionalizar la Terminal, no los podemos perder. Si no alcanza con lo que el Gobierno nacional envía a través del Ministerio de Transporte de la Nación, que sea el concesionario que aporte la diferencia. Siempre es el Estado que tiene que salir al frente y pagar, la plata es de todos los ciudadanos y las ganancias se las lleva el privado sin aportar un peso, eso no es equitativo". De la misma manera lo hizo el concejal Juan Senn, quien expresó la necesidad de que los empresarios se sumen para colaborar con esto.

Y en esos discursos es donde veo uno de los principales problemas para que Rafaela tenga la terminal que se merece: se demoniza al privado. Parece que estuviera mal que la concesionaria quiera tener la mayor rentabilidad posible. Cuando se firmó el contrato por 20 años, la empresa invirtió alrededor de 2 millones de dólares para poder generar ganancias lícitas y estipuladas en el documento que rubricaron ambas partes.

Una empresa privada no hace caridad y no tiene por qué hacerla. Por supuesto que debe ajustarse y cumplir absolutamente todo lo pactado en el contrato que firma. Pero no está ahí para hacer una obra de beneficencia. Necesitan esa rentabilidad para poder hacer crecer la Terminal y reinvertir ese capital para que el ciclo se repita. Esta es la única forma de tener un crecimiento genuino, creando nuevas oportunidades de negocios para los rafaelinos, más puestos de trabajo y atraer nuevos inversores que se sumen. Incluso es ilógico pensar que les interese exprimir a la Terminal, destrozándola, porque a la larga se les acabaría el negocio. Ningún empresario inteligente se pega ese tiro en el pie.

Rafaela, ciudad pujante en tantos aspectos, se merece una terminal de ómnibus moderna, grande, luminosa, agradable y que -si se me permite el término coloquial- le "pase el trapo" al resto del país. Qué lindo sería que nuestros amigos y familiares sean recibidos en ese lugar cada vez que vienen a visitarnos.

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