Cuando la política nos alcanza, se la practica o se la sufre

Especiales - Contratapa 06 de abril de 2022 Por Redacción web
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PARTE I

Por Esteban Soldano. "Hoy es una hermosa mañana de noviembre…Estoy en la plaza, me siento a descansar en el  banco blanco frente al Munich. Imaginé por un instante muchos recuerdos, mientras, casi sin escucharlos, pasaban los clásicos caminantes de siempre. Por un momento y desde sus grandes vidrios, los ví, como a muchos, la mesa de Don Juan Condrac, con Leonildo Alemandi y Armando Williner, (casi nada), tomando el clásico café y charlando de sus negocios…"
(Fragmento de la nota "Aquella Rafaela" del diario La Opinión del 5 de marzo de 2017, firmada por Oscar Pautasso en un artículo del año 1997).
Con este párrafo me encontré días pasados en momentos que buscaba referencias históricas sobre la Confitería Munich. Una coincidencia inspiradora, un guiño creativo…Ocurrió que, hace unos días, unos 30 años después, me encontraba yo tomando café en otro bar de la ciudad ubicado en Av Lehmann y se sentó a mi lado ese personaje tan querible que es mi amigo, el Rey.
Le conté que estaba haciendo tiempo, esperando a ver si podían atenderme en la oficina de la empresa de servicios ubicada en la otra cuadra, al 300. Hacía unos días que buscaba al Gerente, pero el Gerente no se encontraba.
Un "No es por mí, es por la vecinal de mi barrio…", dio paso al natural  "Y vos, qué tenés que ver?"
Ocurrió que había elecciones vecinales. Nos sorprendió a muchos una inminente elección de Comisiones Vecinales. La sorpresa no es porque fueran novedosas, sino producto de nuestro desinterés. Y alguien le comentó a alguien que le comentó a otro -y así- que "otra vez había una lista auspiciada por la Muni" de un grupo improvisado de amigos que ocuparía el lugar, a como diera lugar. Y que estaba cansado del desinterés general y, memorioso del episodio policial que involucró al barrio recientemente y que hizo paralizar su vecinal, pensaba que había que comprometerse y tratar de mejorar las cosas.
 Ocurrió que había elecciones vecinales… 
 Y se formó casi sin tiempo un grupo autoconvocado, sin más coincidencias a priori que la de vivir en el barrio y desear que funcione mejor.
Y yo era uno más, en mi caso cansado de todo lo que pasa. Pero también reflexivo y autocrítico, culposo de sólo criticar lo que ocurre, sin comprometerme y sin intervenir. Año tras año. Y bueno. Intentemos algo más que hablar. Intentemos aportar antes de demandar. 
Hace demasiados años que no participamos de la vida comunitaria más que como espectadores, o si lo hicimos, quizás no fue suficiente.
El Rey escuchaba atentamente, hasta que contó: Yo me acuerdo que mi papá -Manuel Castro- se sentaba en esas tertulias del Munich…. Y una vez nos contó el tenor de la conversación. Don Armando Williner dijo ese día "estamos demasiado ocupados en nuestras cosas, no nos damos tiempo para la ciudad…. Les vamos a dejar a los otros para que hagan todo, y va a ser muy difícil que las cosas funcionen siempre bien…"
 ¿Que cuándo fue eso?... Y…habrá sido en el 90, en los últimos años de los '80…
En muy poco tiempo el gobierno de la ciudad estaría intervenido, la ciudad entraría a ser comandada por el ciclo político de los últimos 30 años , y la mayoría de nosotros durmiendo una larguísima siesta cívica. ¿Por qué sorprendernos que cada vez más, el sueño sea pesadilla?
Casualidades de la vida, en unos pocos días pasan décadas resumidas con sólo dos anécdotas. ¿Cuántas veces deberíamos estar más atentos a las señales, verdad? Ya nadie se acuerda, pero había una canción polular, el Antón Pirulero….. ahí "cada cual atendía su juego", cantábamos, para que no te alcance el verso aquel de "una prenda tendrá"…¡pero era al revés! Por atender sólo nuestros juegos, se desarrolló esta modernidad política contemporánea, este presente griego de los tiempos que corren y que tantos y tan graves problemas nos traen.

Rafaela, ni siquiera fundada, nuestra creación colectiva

Rafaela, ni siquiera fundada, es una acción, una espectacular creación colectiva de cientos y luego miles de inmigrantes que durante un siglo trabajó y creció amalgamándose con la pampa húmeda y los criollos que llegaron atraídos por el progreso. Lo dirán mejor los historiadores, pero simplemente se sucedieron generaciones de vecinos que hicieron historia trabajando para sí y para la comunidad. Me gusta decir que para contarla sólo se necesita un plano de la ciudad. Así, miren el centro original, que sin historia propia se movió inspirado entre próceres nacionales durante muchos años: San Martín, 25 de mayo, 9 de Julio, Belgrano, Las Heras, Maipú, Alem, Moreno…y la Organización Nacional, claro: Tucumán, Salta, Córdoba, Corrientes pero -y no me digan que no es interesante- cuando le tocó crecer en serio, miren lo que pasa alrededor del centro: Faustino Ripamonti, Luis Fasoli, Pedro Avanthay, Luis Maggi, Ernesto Salva, Luis Fassoli, Eduardo Oliber, Santiago Shine, Emilio Cerdán…. Siguió pasando el tiempo, miramos más afuera y llegamos a una modernidad más periférica: Santos Dumont, Av. Pucará, Los Jacarandáes, Entanislao del Campo, Hipólito Vieytes, Silvestre Begnis, Juan Domingo Perón: ¡Se terminaron los rafaelinos! 
¿Y los barrios? Allí el testimonio pasa de Luis fasoli, Ilolay, 9 de Julio, Villa Podio o Italia, a Martín Fierro, Güemes, San José, 2 de abril, Mora y Virgen del Rosario, significados al fin que no son afines a una identidad…En todos esos años, aquellos prohombres del olimpo local que dieron nombres a esas calles fueron reemplazados con una generación como la de Don Armando, Don Juan, Victorino, Edison, Don Juan, Leonildo, Pachún, y soy injusto por no nombrarlos a todos, tan grandes que ninguno necesita apellido y que desarrollaron empresas y empredimientos líderes a la vez de hacer -¡en sus ratos libres!- acueductos, rutas, usinas eléctricas, servicios de radioterapia, escuelas y lo que hiciera falta. Sin planes estratégicos ni grandilocuencias, sólo la realidad de las obras que había que hacer, y punto. Y sus empresas fueron madres de empresas, y se desarrolló una clase trabajadora, de mano de obra especializada, y comercial, y de servicios, y cuando nos dimos cuenta Rafaela era la pujante ciudad que destacaba a nivel país. 

Antón Pirulero

Pero , -siempre hay un pero, Don Armando lo dijo aquella vez- vino Antón Pirulero y en el vacío de la distracción apareció, casi parasitario al principio y cada vez más sofisticado y evolucionado al final, un nuevo protagonista: el homo políticus, la versión superadora del establishment tradicional, profesionalizado y listo para crear la más contemporánea y a juzgar por sus resultados, nefasta corporación argentina. La clase política. 
Para que se entienda, imagine Ud. una comparación relativa de esas fuerzas productivas de riquezas genuinas, empresas, comercios, y trabajadores, más las administradoras de los servicios necesarios, comparada con el sector destinado al ordenamiento público, a asistir y facillitar ese desarrollo. Imagine la proporción entre esos dos sectores hace 30 años, y constate el crecimiento descomunal del sector público actual. Y reflexione, a la luz de los hechos cotidianos, cuánto de benéfico y cuánto de problemático hay en ello. Imagine el tamaño del sector productivo y comercial , -privado y público, no es una incompatibilidad si es productivo- de aquellos años dorados versus el tamaño del sector público de administración, antes y ahora. Y pregúntese cuál era la mejor situación, o el mejor equilibrio. Pregúntese por qué la inmigración que en principio fue virtuosa se ha vuelto un lastre problemático en muchos aspectos, quién y cómo cuidó y propició como si fueran plantines un enorme sector de la población cuidadosamente privado de recursos educativos, de atenciones de salud, de oportunidades de inserción, confundidos con dádivas, clientelismo y populismos vacíos. Generaciones sin educación ni cultura del trabajo, con los "nuevos derechos del hombre": recibir poco a cambio de nada, ser sometidos a una infinita nivelación para abajo, sin méritos ni más futuro que el entretenimiento, la dependencia social y acumular leña para el carbón. ¡El "pueblo"! . Y la condena social de ser pueblo, no en el concepto social deseable, sino en la mentira romántica objeto e instrumento de los desvelos de los patriotas sensibles y comprometidos con él.
Sólo hubo que hacerles olvidar, lentamente, día a día, año tras año, su condición de ciudadanos. 
Así las cosas, la foto de hoy es una ciudadanía disconforme, preocupada y angustiada en muchos aspectos, descuidada por una clase política que por objetivo superior tiene a su propia permanencia, institucionalización y crecimiento como obsesión para lo cual su ocupación principal es acumular y asegurar poder. Si para eso hay que ocuparse del pueblo porque de vez en cuando vota, ocupémonos del pueblo. Por lo menos hasta que voten.
Tanto se han preocupado por mantenerse en la administración y el poder, que han priorizado la ocupación de los espacios y los cargos con compromisos, allegados, correligionarios, compañeros y con todo el que responda a la filosofía imperante, el poder por el poder. Para hacer lo que se quiera, después vemos si está bien o está mal. Y en ese afán, primero y poco a poco desplazaron a los funcionarios y empleados de carrera, los que sabían de su metier y fueron reemplazados por compromisos o cuadros políticos, llámelos como quiera. Y el conjunto experto se convirtió en uno más inexperto e ineficiente, no sólo por desconocimiento de su función sino porque su mayor compromiso no es con su función de servidor público sino de integrante de una administración. Y esos espacios no fueron suficientes. Los compromisos, los favores y los intereses son cada vez más. Todos llegan, nadie se va. Llegan los amigos, los partidarios, los parientes y los parientes de los parientes. Y mucho de todo lo bueno, que lo hay y mucho, se desdibuja y se pierde fagocitado por el monstruo creado, la bestia política.
Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos? ( CONTINUARÁ )

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