Inforafaela Inforafaela

Radio City-01-01 Radio Castellanos PNG-01-01

El sudor de tu frente

Por Alcides Castagno

Alcides Castagno Redacción Redacción
PAGINA 2

No sabemos exactamente en qué lugar del tiempo y del universo la primera pareja humana fue condenada a ganarse el pan con el sudor de su frente, en un juicio sumarísimo por un acto fundacional de corrupción, apropiándose de lo que no debía. Seguramente no sabían lo que era el pan, pero enseguida supieron del sudor. Debieron conseguir algo para cubrirse del frío y del pudor, construir una cueva digna y proyectar para los hijos algo mejor, comodidad, educación. A su alrededor, los animales no debían pensar en tales cosas: trabajaban sólo para comer y lo demás les venía por añadidura. Es la primera diferencia que aquella pareja descubrió entre hombres y animales, hasta que comprobaron que les servían para comer, vestirse y construir sus tiendas.
En nuestros tiempos, hemos multiplicado las aspiraciones, creando una serie de necesidades y modificando el concepto de hábitat, vestimenta, movilidad, sociabilidad. El ser humano siente que necesita trabajar más y mejor para poder vivir más y mejor, originándose situaciones subsidiarias como las ocupaciones honestas y deshonestas, la explotación y la servidumbre.
En una entrevista, el filósofo español Julián Marías afirmaba: "debes trabajar en lo que te gusta, y si por ello te pagan, mejor". Esta situación ideal, digna de un filósofo, no se da con frecuencia. El trabajador elige primero lo que le gusta y para ello estudia, se capacita, se supera a sí mismo en todo lo posible; después, el mercado laboral dice lo suyo y el estado de necesidad reduce las aspiraciones a su mínima expresión o las potencias ante las oportunidades. Cuando el trabajador profesional con o sin diploma es conocido por su nombre y su aporte, suma a su remuneración el concepto de jerarquía y dignidad. Cuando el trabajador es parte de un sistema de conjunto se transforma en un número para la estadística y su dignidad depende de los pequeños objetivos que va logrando o la suma de logros que apuntan a un objetivo mayor, pero siempre sujeto a un mecanismo que no maneja y que lo contiene.
En el universo descripto, hay un partícipe necesario que es el emprendedor, el empresario, el jefe, el que tiene poder de decisión que deriva de estructuras superiores, que también es un trabajador interdependiente entre las estructuras que lo condicionan y los trabajadores que deben satisfacer sus requerimientos. El equilibrio entre todos los estamentos y un ingreso satisfactorio hacen a una situación ideal difícil de lograr, especialmente cuando aparecen factores que desequilibran el sistema, como políticas de Estado o tendencias del mercado entre otros. En un camino lateral, en una especie de colectora, circula el cuentapropista, el trabajador cuya independencia consiste en que puede elegir de quién depender. 

Pan y pandemia

Todo lo antedicho es una situación histórica que era normal y de la cual participaban además ideologías cambiantes, pero de pronto aparece un  factor que ataca a todos, que condiciona acciones y movimientos desde el hogar hasta cualquier relación humana, laboral o social, y que tiene la amenaza de lo desconocido, de lo inmanejable: la pandemia. Iguala a ricos y pobres, a jefes y operarios, a arquitectos y albañiles y crea uno de los espectros más terroríficos: la incertidumbre, la falta de horizontes, la duda mayor que la esperanza. El primer damnificado es el trabajador dependiente, cuya familia se llena de interrogantes, cuyos hijos se rebelan y cuyo empleador tambalea.
La hora de la solidaridad  ha sonado y es al mismo tiempo la hora de los desprotegidos. El mundo del trabajo está golpeado, herido por los contagios, por la reducción de ingresos y por la precariedad del futuro. Ya no depende del propio esfuerzo, a pesar de los emprendimientos que tratan de paliar necesidades básicas insatisfechas. Al empleado de un comercio que debió cerrar, al dependiente de una actividad restringida por decreto, no les alcanza con las disculpas y el pedido de comprensión de los empresarios ni de los funcionarios ni con salir a vender bolsitas o trapos de piso de casa en casa. El trabajador 2020/21 ha debido entender a golpes de carencia que la esperanza sigue siendo lo último que se pierde pero que ya está en el penúltimo escalón. A sus limitaciones se agrega la actitud ventajera de los sectores a los que les va mejor que antes -los hay- y que contribuyen con los golpes inflacionarios al amparo de un Estado que ha sido desbordado y que no encuentra los caminos de la certidumbre.

Las camas

No es justo, no es justo, claman los que deben asistir a las consecuencias con las manos atadas. Cuando se hablaba de tiempos normales y que se sentían así aún ante situaciones desiguales, se ignoraba la importancia de los trabajadores de la salud, las escuelas de enfermería, la relación cotidiana entre la salud y la enfermedad, entre la vida y la muerte, el sufrir por los que sufren y el gozar con los que sanan. El universo de la salud pública ha dado su grito, ha hecho sonar las trompetas de un apocalipsis probable, más cercano que nunca. 
Si bien estamos atosigados por la saturación histérica de los medios capitalinos, pensando de un modo más localista también estamos obligados a mantener las alarmas conectadas y las velas encendidas. Ciertos sectores se ocupan -comprensiblemente- por su propia subsistencia comercial sin pensar que la solución a sus problemas significa una sobrecarga a los trabajadores de la salud y la seguridad. El árbol de la propia satisfacción no deja ver el bosque de la complicación ajena. En una sociedad donde los médicos y enfermeras están sobrecargados y mal pagados,  los servidores públicos sobreexigidos y los presupuestos mal distribuidos, no es posible hablar de justicia ni siquiera quitando el salario de unos para compensar a otros.

Un día

Decir trabajador, decir homenaje, decir reivindicaciones en un primero de mayo requiere al menos pensar en los que quieren, pueden y tienen, pero además recordar a los que aún queriendo y pudiendo no tienen. Para éstos no bastan los aplausos de aquellos. En estos días algunos empresarios de la industria local hablan de mejoras y de buenas expectativas a pesar de los aislamientos forzosos del personal. Esperan una adecuación de las leyes laborales y de algunas disposiciones que pretendiendo defender la estabilidad promueven la precariedad y la falta de incorporación de personal permanente. 
Este día nos habla de horizontes claros para que las empresas no se vayan del país dejando un tendal de manos vacías. Este día nos llama a componer una sociedad solidaria, que por ahora es la mejor -si no la única- manera de enfrentar las injusticias y los efectos de males no buscados. 
En su Encíclica Laborem Exercens del año 1981, el Papa Juan Pablo II introduce las medulosas consignas diciendo: "Con su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano, contribuir al contínuo progreso de las ciencias y la técnica, y sobre todo a la incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad de hermanos".
La primera pareja, aquella destinada a ganar el pan con el sudor de su frente, no sabía que no siempre el sudor llega en compañía del pan y que ese pan puede causar alegrías y lágrimas. En este mayo de Trabajo y Patria, aplaudimos a los héroes de voluntad que no cede y a los que, pudiendo o no, inauguran su mañana enarbolando una bandera de paz, pan y trabajo. 

Te puede interesar

Tendencias

EB891C74-5B08-441F-A9DD-A85BE9552122

La relación íntima entre la inflación y los boludos

Redacción
Opinión

Economistas de diferentes espacios políticos coinciden en que actualmente no existe un plan consistente para controlar el aumento de precios. Jamás se sabrá si el programa de Guzmán es bueno o no, porque hay un sector que no piensa dejar que lo ponga en marcha.

IMG-20210516-WA0035

Arriaga: “la pandemia es una falsedad”

Redacción
Locales

El fundador de “Médicos por la verdad” dio una charla ayer en la plaza Pizzurno de esta ciudad. Cuestionó la prohibición de las autopsias para determinar la muerte de los contagiados, los testeos y la vacuna sin poder reclamar al laboratorio en caso de contraindicación o que produzca la muerte.

Newsletter