El fútbol femenino en Argentina: del prejuicio a la profesionalización

El país más futbolero del mundo vive una normalización del deporte femenino dentro y fuera de las canchas
Géneros05 de octubre de 2026 Berta Reventós

“Mi sueño es que, cuando me retire, me despidan como a Messi”, dice Lupe, que se ríe con sus amigas, pero aclara: “sueño en grande, yo”. Guadalupe Logos tiene 13 años y vive en la Villa 31, uno de los barrios más empobrecidos de la Ciudad de Buenos Aires.

Los martes y jueves por la tarde, entrena fútbol sala en La Nuestra, un club femenino que nació hace 19 años de la mano de Mónica Santino (61), ex jugadora de fútbol y activista por los derechos LGTBIQ+ en Argentina. Mónica recuerda que el colectivo se fue armando con el correr de las voces en el barrio, pero que “la conquista de la cancha fue la piedra fundacional”. Al principio, había que plantarse: muchos les gritaban que se fueran a casa a lavar platos.

La Nuestra disputó el espacio público para las chicas que querían jugar al fútbol. “Las canchas en los barrios populares en Argentina son importantísimas”, cuenta Mónica. Hoy, La Nuestra reúne a 120 jugadoras en tres categorías: niñas, adolescentes y adultas, que entrenan dos tardes y juegan un partido por semana en las canchas públicas del barrio.

Guadalupe, o Lupe, como la llama todo el mundo, sueña con jugar en primera división de Boca Juniors y en la Selección Argentina. Cuando imagina un futuro siendo futbolista profesional, no solo desea llegar a ser como Messi, sino también “callarles la boca a todos los varones que dicen que no podemos jugar a fútbol”.

El fútbol femenino en Argentina vive un momento de auge, tanto en la profesionalización de los clubes como en la normalización social y cultural. Desde 2019, la Primera División femenina ha duplicado el número mínimo de futbolistas profesionales que debe tener cada club: pasó de ocho a quince por equipo.

Con 16 clubes en la categoría, eso supone que hoy la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) exige un mínimo de 240 contratos profesionales, frente a los 128 que exigía al inicio de la profesionalización. En cuanto a la percepción social, un estudio de la consultora Voices, publicado en enero de 2026, reveló que tres de cada diez argentinos consumen contenido de fútbol femenino en medios tradicionales o en redes sociales por lo menos una vez al mes, y que un 14% lo hace semanalmente.

El 60% de los encuestados opina que el fútbol femenino tiene el potencial para atraer a personas que hoy no siguen fútbol en general, y el 65% cree que el fútbol femenino recibe menos visibilidad de la que merece.

En el país donde este deporte se vive casi como una religión, las mujeres han ido tomando cada vez más espacio, acompañadas en la última década por la llamada Marea Verde del feminismo que, además de ganar derechos civiles, dio una batalla cultural que rompió con prejuicios arraigados como que el fútbol es cosa de hombres.

Aunque sigue muy por detrás del masculino en cuanto a estructura, reconocimiento y recursos, el camino está claro para las dirigencias de la AFA y de los clubes de todos los niveles, que siguen incorporando categorías inferiores para consolidar la profesionalización de los primeros equipos femeninos.

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