
Cumbia en Bangladés, al ritmo de la pasión local por la selección argentina
Marcelo Algarbe CalamantePara el embajador, la relación futbolera está creciendo: los argentinos no solo están al tanto del fanatismo de los bangladesíes, sino que ya hay visitas turísticas para vivir la experiencia de un partido de la selección ante las pantallas gigantes que reúnen decenas de miles de hinchas. “Y también están viniendo influencers y bloggers que producen contenido. Esto, en mi opinión, está transformando la relación. Al momento del Mundial pasado, eran manifestaciones de gente de acá hacia Argentina. Había una sola vía. Hoy, los argentinos tomamos conciencia del fenómeno que se produce. Muchos comenzaron a reaccionar a los videos, manifiestan su agradecimiento y ahora hay presencia de argentinos en universidades donde se pasan los partidos”, reconoce Cesa.
Ziliotto se había enterado de la pasión por Argentina antes de ser DJ. Para comienzos de la década del 2000, vivía en el barrio El Raval de Barcelona y jugaba al fútbol en el ascenso de Cataluña. Cada vez que pasaba por el almacén de la cuadra, o por la verdulería, los trabajadores bangladesíes que lo atendían le hablaban de las distintas selecciones argentinas. La sorpresa pasó a ser algo común. Por eso, desde su piso de Barcelona, y luego del triunfo de Argentina en el debut del Mundial, pensó en organizar un show de cumbia en Daca, la urbe de 37 millones de habitantes“Quería mostrarles una parte de la cultura argentina; la música que escuchan los hinchas argentinos y que cantan en los estadios”, recuerda. En cuestión de horas, hizo un estudio de mercado por internet y se contactó con las autoridades de la Universidad Internacional Daffodil. Sabía que en el campus universitario del predio las convocatorias para los partidos de la Albiceleste podían reunir a más de 5.000 estudiantes. En su primera presentación apostó a las cumbias que escuchan los futbolistas de la selección, y a las que los hinchas les cambian las letras para cantar en las tribunas.
La mañana siguiente al show, Ziliotto se siguió sorprendiendo. Fue invitado a participar del programa de fútbol más visto del país, y gracias a su pasado como futbolista amateur, dio clases magistrales de fútbol para universitarios y niños de un orfanato. En medio de todo eso, conoció la ciudad: sus potreros, sus canchas de césped sintético. “Te diría que están activas todo el día”, cuenta y detalla: “Mínimamente hay tres o cuatro jugadores en patas. Y te podés encontrar a otros jugando con jeans y camisa”.
Su próximo show será el tercero en la ciudad. Con el paso de las fechas, o mejor dicho de los partidos, se ha ido adaptando al público. Ya no son solo cumbias argentinas: es una mezcla con música local y algunos éxitos de reggaeton. El domingo, como es la final, encargó la compra de 5.000 globos celestes y blancos y los artefactos de humo que se utilizan en los recibimientos del fútbol argentino. El anfiteatro se parecerá a un estadio. Y si hay goles de Argentina, durante el festejo se repetirá el ritual del grito que Ziliotto les enseñó por estos días: “Argentina, Argentina, Argentina”, tal como gritarán los aficionados argentinos que alienten desde el Metlife Stadium, en Nueva York. El país.



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