La memoria que camina las calles: "Relatos barriales" en el barrio 9 de Julio

Dos estudiantes de la Licenciatura en Comunicación Visual de la Universidad Católica del Estero rescatan, a través del diseño social, el alma, los recuerdos y la identidad colectiva de uno de los rincones más tradicionales de Rafaela.
14 de julio de 2026Marcelo Algarbe CalamanteMarcelo Algarbe Calamante

 ¿Qué define verdaderamente a un barrio? ¿Es el trazado geométrico de sus calles, la arquitectura de sus fachadas emblemáticas o la solidez de sus instituciones de cemento? El proyecto "Relatos Barriales" nace precisamente para desafiar la rigidez de la historia oficial y buscar las respuestas en lo cotidiano: en los recuerdos compartidos, en las veredas transitadas y en las voces de quienes, día a día, le dan vida al territorio.

Esta iniciativa, surgida en el marco de la cátedra de Diseño Social de la carrera de Licenciatura en Comunicación Visual de la Universidad Católica del Estero (UCSE), fue llevada a cabo por las estudiantes Nerina Lajetzky y Martina Bossio. Lo que comenzó como un requerimiento puramente académico se transformó rápidamente en una profunda experiencia de comunión comunitaria y rescate patrimonial en el entrañable Barrio 9 de Julio de la ciudad de Rafaela, Argentina.

Caminar para comprender

El proyecto no se construyó desde un escritorio, sino pateando baldosas. La primera etapa consistió en una exhaustiva recopilación fotográfica, un reconocimiento minucioso de las calles y un mapeo detallado de las instituciones que estructuran el barrio, para luego plasmar toda esa información en una síntesis escrita.

Sin embargo, las investigadoras sabían que para entender el profundo sentido de pertenencia que define a los habitantes del Barrio 9 de Julio, debían ir mucho más allá de lo puramente físico. Fue así como pasaron a la segunda fase: la realización de cuatro entrevistas claves con actores que representaran miradas diversas pero complementarias de la identidad barrial. Las instituciones elegidas para canalizar estos diálogos fueron: la Escuela N° 482 Manuel Belgrano, la Vecinal, la Parroquia Sagrado Corazón y el Club 9 de Julio.

A través de estas conversaciones, las estudiantes no solo recopilaron datos cronológicos; abrieron compuertas a relatos de infancia, testimonios de compromiso social, historias familiares y el tejido vivo de la comunidad.

"Una ciudad grande dentro de mi propio barrio"

Al procesar los testimonios, las investigadoras descubrieron un factor común ineludible: un arraigo inquebrantable que cruza géneros y generaciones. En las entrevistas se repetía de manera constante la frase de sentir al barrio como "toda su vida". Los vecinos describían al Barrio 9 de Julio como una "ciudad grande" contenida dentro de la propia urbe, un microclima autosuficiente donde se tiene todo lo necesario al alcance de la mano.

 Este fuerte sentido de pertenencia adquiere un valor urgente en la actualidad. Las estudiantes advierten que el 9 de Julio es un barrio que, en ciertos aspectos, "está quedando viejo", en la medida en que las nuevas generaciones van migrando hacia otros sectores. Ante esta realidad, el proyecto reivindica el acto intergeneracional de detenerse a conversar: “Si tenés la oportunidad de tener un abuelo, un tío, un vecino... sentarte una tarde, tomar un momento y que te cuente cosas de lo que vivieron, de cómo era el barrio... es algo muy lindo”, reflexionan.

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Dos series de afiches

La traducción visual de esta sensible investigación decantó en una propuesta gráfica libre: una serie de ocho pósters diseñados para sintetizar y devolverle al barrio su propio reflejo. Las piezas se dividen en dos líneas conceptuales muy claras:

La Serie del Encuentro y el Compromiso: cuatro afiches que, mediante el uso de potentes recursos visuales, imágenes conceptuales y frases literales extraídas de las entrevistas, transmiten los valores recurrentes de la identidad compartida, la unión comunitaria y el compromiso vecinal.

La Serie de las Historias Humanas: Cuatro afiches enfocados directamente en el factor humano, donde la persona se vuelve el centro indispensable del diseño. Cada afiche incorpora fotografías específicas de las cuatro instituciones analizadas y detalles de carácter íntimo, forjando un lazo personal y afectivo sumamente estrecho con los habitantes del lugar.

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Carlos Hernández, presidente de la vecinal y Néstor Monay, tesorero, junto a las estudiantes.

La emoción de la devolución

El verdadero cierre de este ciclo se dio cuando las estudiantes regresaron al barrio para presentar su trabajo gráfico frente a la comunidad. En ese encuentro cara a cara, la emoción desbordó el marco de la investigación académica.

Vecinos emblemáticos agradecieron profundamente la sensibilidad de las jóvenes. Néstor Monay, uno de los referentes del barrio, compartió relatos memorables sobre los comedores del club, la infancia que transitó en esas calles y el legado de su padre. Conmovido por el resultado del proyecto, destacó la precisión con la que se seleccionaron las cuatro instituciones:

"Eligieron cuatro imágenes muy pero muy representativas... En cada una de esas cuatro imágenes pasaron hechos muy buenos y algunos malos en la historia de la misma Rafaela y de la misma Argentina. Lograron el objetivo de que la identidad del barrio esté plenamente reconocida en esos cuatro lugares".

Este testimonio confirma que el diseño, cuando se despoja de lo puramente comercial y se pone al servicio del tejido social, es capaz de transformarse en un puente indestructible para la memoria colectiva. "Relatos Barriales" nos recuerda, en definitiva, que la historia de nuestras ciudades no se escribe solo en los grandes libros escolares, sino en la calidez de un momento compartido, en los vestuarios de un club social y en las aulas de una escuela de barrio.

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