

En la previa del encuentro entre Atlético de Rafaela y Almagro, la noche tuvo un momento cargado de emoción. El Consejo Directivo de Atlético brindó un reconocimiento muy especial a Ricardo “Cacho” Pirola, una figura entrañable y símbolo viviente de la institución.
La distinción no fue casual ni protocolar. Pirola representa una parte fundamental de la historia del club. Histórico defensor central, debutó en Primera División con apenas 16 años y fue protagonista de una etapa dorada durante la década del 70, integrando aquel recordado equipo multicampeón que dejó una huella imborrable en la Liga Rafaelina de Fútbol.
Pero su vínculo con la institución trascendió largamente su etapa como futbolista. Pirola formó parte del cuerpo médico del plantel que en 1989 logró el histórico ascenso al fútbol profesional argentino en Jujuy. Años más tarde, también estuvo presente en otra página gloriosa: el ascenso a Primera División en 2003.
Durante 17 años cumplió funciones ad honorem, reflejando un compromiso pocas veces visto. Su vida estuvo —y sigue estando— íntimamente ligada a Atlético de Rafaela: jugador, integrante del cuerpo médico, dirigente y, por sobre todo, apasionado.
Él mismo se define como un “apasionado de Atlético”, una frase simple que resume décadas de entrega, pertenencia y amor por los colores. Por eso, el reconocimiento recibido en el Monumental no fue solo un gesto institucional, sino un merecido homenaje a una trayectoria ejemplar.
El aplauso cerrado del público acompañó una escena que quedará entre los momentos más emotivos de la jornada. Porque más allá de los resultados, hay nombres que explican la identidad de un club. Y “Cacho” Pirola, sin dudas, es uno de ellos.


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