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El genio y los fantasmas

Deportes - La Otra Mirada 28/11/2022 Redacción Web Redacción Web
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Por Oscar Martínez - "La belleza de los actos se manifiesta en su ligereza y en la aparente facilidad de su ejecución; en cambio, los afanes y las dificultades superadas suscitan asombro y corresponden a lo sublime", Immanuel Kant (1724-1804); de "Observaciones sobre lo bello y lo sublime" (1764).  
No fue un festejo, fue un desahogo. El que vimos en los futbolistas, en los integrantes del cuerpo técnico y en los hinchas, los que están en Qatar y los que vieron el partido cerca de mí. Y lo sentí en la manera que grité el primer gol. Pero apenas terminé de expulsar mis temores, estos regresaron con fiereza en el preciso momento en que un futbolista de México tomó la pelota y miró el arco de Dibu. Solo cuando Fernández hizo que la pelota dibujara una parábola fenomenal para lograr el segundo gol, pude festejar. Y al encuentro le quedaban unos diez minutos. No se trató de un partido de futbol, se trató de un parto futbolístico que, en definitiva, dio a luz la ilusión Argentina. Una nueva, nacida luego que Arabia nos diera un baño de realidad que acabó con nuestra habitual soberbia.
Entiendo la decepción que ensombrece la alegría de la gente tras un comienzo muy opaco de la Selección que, de todos modos y fundamentalmente, logró ganar para depender de sí mismo en el último partido ante Polonia. Pero aseguran aquellos que han pasado por esta situación de ahogo emocional que significa jugar con la presión de no quedar rápidamente fuera del Mundial, que la victoria es lo único importante. Ojalá sea así, porque Argentina logró ese objetivo. Pero las dudas sobre el funcionamiento, fundamentalmente por lo visto en el debut y en primer tiempo ante México, son las que nos dejan el gusto amargo. Este sábado dio la sensación que el mejor noqueador vivía en el alma del equipo de Scaloni. Cuando parecía que el rival nos ponía contra las cuerdas porque pasaban los minutos y estábamos demasiado lejos de Ochoa, metió una mano de nocaut. Es que el fútbol se valora en juego pero se mide en goles, y entonces la contundencia es decisiva porque la verdad está en las áreas. Y en ambas ganaron los nuestros.
No tiene sentido explicar lo que significa el fútbol de Messi. Ni tampoco la incidencia que tiene en los equipos que integra. Desde hace casi veinte años sale a la cancha sabiendo que el mundo espera ver alguna genialidad suya. Ahora, por ejemplo, todos lo miran pensando que será su último Mundial y que puede ganarlo siendo figura. Y nosotros esperamos que se convierta una vez más en el estratega de un seleccionado que enamore al mundo. Y aunque en estos dos encuentros no apareció en su dimensión de estos tiempos, su valentía para intentar jugar siempre y su decisión de patear cuando nadie lo hacía, nos salvaron. Por la importancia que tuvo para el resultado final y para cambiar el trámite del encuentro, además de ayudar a que Argentina reencuentre la Scaloneta, y por la genialidad de su disparo. Esa manifiesta ligereza y la aparente facilidad de ejecución lo terminan de convertir en un acto pleno de belleza en medio de un partido que no entregaba emociones.
Scaloni y su cuerpo técnico parecen aún shockeados por encontrar un plantel muy distinto al que vino modelando en estos años. Sacar algunos jugadores lesionados a días del comienzo del torneo y reemplazar para la segunda presentación a varios futbolistas que están en el ADN de su equipo, está claro que no lo tiene tranquilo. Ni a él ni a sus colaboradores. La tensión y el desahogo se vieron en su rostro y, fundamentalmente, en el de Pablo Aimar apenas el resultado se vio asegurado. Pero el entrenador supo cambiar a tiempo para revalidar la identidad de "su" seleccionado. Y aunque solo por momentos, el equipo se pareció en el final de la segunda parte al que soñamos ver todos los hinchas. Sin llegar a ser sublime, al menos consiguió superar las dificultades para mantenerse con vida en el torneo.
En un estadio sin historia pero cargado de pasión, nuestra Selección festejó una victoria contra México y contra nuestros propios fantasmas. Claro que se podrá decir que apenas se ganó un partido y que habrá que repetir la historia el miércoles próximo frente a Polonia. Pero también es real que un empate nos dejaba en terapia intensiva. El genio de Messi ahuyentó esos fantasmas. Ahora habrá que mantenerlos lejos jugando el fútbol que este equipo demostró claramente que puede jugar. Si la cachetada que nos dio Arabia sirvió para bajarnos los humos y mostrarnos cómo es realmente el Mundial, bienvenido sea. Pero, de ser posible, no abusen de estos sacudones.    

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