
El mundo no logra mantener la paz
El mundo viene reciclándose. En convulsión siempre. No es la primera vez que la paz es derrotada por la guerra. Espasmódicamente se producen sismos que afectan a las sociedades y con el tiempo, terminan en el anaquel de la Historia solo recordado por un nombre. Pero curiosamente no queda aprehendido el resultado y las consecuencias de las políticas impartidas por el Poder de turno. Quizás por ello se continúa con las guerras. Lo que conmueve es la iteración de las conductas.
¿Podemos ver el avance de la ciencia? Sí, con claridad. ¿Podemos ver el afianzamiento y/o crecimiento de los valores humanos? Cuanto menos, dudo.
En el mundo el sistema democrático es joven, pero la rapidez de su desgaste, impresiona. Conmueve ver como los propios actores políticos la horadan.
En el caso argentino, en este mes se cumplen 50 años del último golpe militar. La libertad amaneció en 1983 y con ella otra vez la democracia. En estos 43 años hubo un declive de los componentes principales de este sistema. La democracia necesita partidos políticos consolidados y vivos. Hoy son fantasmas difusos de un ayer. Están deshilachados. Por eso mucho de sus representantes optan indistintamente por uno u otro sello. El Parlamento –por estas razones-, es hoy facilitador; y lo es a tal punto que el presidente Milei no necesita de los DNU para gobernar. La Justicia sostén del cuerpo democrático, también muestra fisuras y flaquezas.
El resultado de todo esto es una democracia en degradación, escuálida y por momentos enclenque. Ni el oficialismo ni la oposición evitan su deterioro, lo profundizan. Resulta irritante la desconexión de sus actores con la realidad. El ex compañero de fórmula de Mauricio Macri, Miguel Pichetto visitó a Cristina de Kirchner. Y no aclaró que haya sido una visita personal. Por lo que cabe la pregunta ¿a qué fue a ver a la presidenta del PJ? ¿Para qué? ¿No entendió, quizás, el mensaje de las urnas? Claramente la ciudadanía no pone sus expectativas en San José 1111.
Hasta aquí podemos inferir que el presidente Milei monta su gobierno sobre golpes de efecto. No se avista a hoy un proyecto estratégico. Un claro ejemplo fue lo sucedido en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. También el ataque –incluso en territorio extranjero- dirigido a Paolo Rocca y Manuel Madanes Quintanilla, extensivo a todo el empresariado nacional al que cataloga como prebendario. Por segunda semana consecutiva la UIA se vio obligada a levantar su voz.
Milei trajo para quedarse, el valor del equilibrio fiscal y el concepto de no gastar más de lo que se tiene. La sociedad viene demostrando paciencia cuya expresión máxima fue en octubre pasado. Ahora bien, ese espaldarazo político provocó nuevamente la radicalización del Presidente. La oposición pasó a la categoría de enemigo, tachando la palabra diálogo de la lista de deberes democráticos que todo primer mandatario debe practicar. Estas, sus formas, que conquistó a tantos, también engendran enojos en otros. Si además se suma, el “Adornigate” como ejemplo contrario de lo que su gobierno proclama: la moral como política de Estado; podríamos inferir que el ánimo social quizás cambie.
A los 920 trabajadores despedidos en FATE, se les debe sumar aproximadamente 300 mil a lo largo y ancho del país. Las empresas caídas: 22 mil en ascenso.
Sólo un ejemplo más. El consumo del pan cayó un 45%, cerraron 2 mil panaderías. Quedaron 16 mil personas desempleadas.
Mientras tanto el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, anuncia que el 83.5% de los trabajadores argentinos sufre vulnerabilidad alimentaria en su día laboral. Además refleja que el 61.1% de los asalariados se saltea una comida al día porque la plata no alcanza.
Así como la sociedad vio venir a Milei cuando la política no lo veía, ¿estará viendo algo a futuro que la política hoy no ve?


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